Casar y descasar, muy despacio se ha de pensar.
A lo lejos mirar y en casa quedar.
Gatos y mujeres, en casa; hombres y perros, en la plaza.
Muchas candelitas hacen un Cirio.
Desde torre o azotea, bien se otea.
A la mujer y la picaza, lo que vieres en la plaza.
Jamón y porrón, hacen buena reunión.
Quien con hambre se acuesta, con pan sueña.
A este son, comen los del ron, ron.
De buena harina, buena masa.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
Arte para lograr es el dulce hablar.
Ajo cebollino, para con vino.
Al buen amigo, dale tu pan y dale tu vino.
Boca que se abre, o tiene sueño o tiene hambre.
Primero la firmita y luego la camita.
Con pan, vino y carne de cochino, se pasa bien el mal camino.
Sopa en vino no emborracha, pero agacha.
Después del arroz, pescado y tocino, se bebe buen vino.
Tres pocos valen más que muchos: poco sol, poca cena y poca pena.
Al dar las doce, queso añejo y vino que rebose.
Bueno es pan, y mejor, con algo que agregar.
Con azúcar y miel, cagajones saben bien.
A quien cuece o amasa, de todo le pasa.
A palabras de borrachos oídos de cantinero.
Blanco y mojado, sopas de leche.
Quien convida al cantinero, o está borracho o no tiene dinero.
Cabras y cabritos, a todos nos traen fritos.
La botica abierta y el boticario en la puerta.
A casa de tu tía, entrada por salida.
Para hablar y comer pescado, hay que tener mucho cuidado.
Tabernero que bebe, termina donde no debe.
Come Juan Gómez, que de lo tuyo comes.
Calvo, y no de tiña, tuerto, y no de nube, mala costumbre.
Vísteme despacio que estoy de afán.
Cuando como, no conozco; cuando acabo de comer, empiezo a conocer.
Tranquilidad viene de tranca.
Amistad fundada en el vino dura como el vino; solo una noche
Con vergüenza, ni se come ni se almuerza.
Zanahoria borracha, pan y centeno, llenando la tripa, todo está bueno.
El consejo del viejo frailuco, hay que ser cuco.
Cali es cali y lo demás es loma.
Poco y entre zarzas.
Casa mía, casa mía, por pequeña que tú seas me parece una abadía.
Casa de mantener, castillo de defender.
Castañas en cocción, en otoño o en invierno, buena alimentación.
Casa empeñada, pobre y desamparada.
Con viandas ajenas, no cuesta dar cenas.
Pan con ojos y queso sin ellos.
Bocado engullido, su sabor perdido.