A cada lechón le llega su noche buena.
Buen vino tras buen caldo, no tengo bastante boca para alabarlo.
Ata bien y siega bajo, aunque te cueste trabajo.
En larga jornada, la leve carga es pesada.
Callado mata conejo.
Bocado de pan, rajilla de queso y a la bota un beso, hasta la cena te tendrán en peso.
Un zapatero, un sastre y un barbero, tres personas distintas y ninguno es verdadero.
El peor coche siempre se lleva la mejor mazorca.
De buena harina, buena masa.
Dando y tomando, no cabe engaño.
Tener miedo es de prudentes; saberlo vencer, es de Valiente.
Las palabras de oro van a menudo seguidas de actos de plomo.
Dios te guarde de trasera de mula y de delantera de viuda.
Variante: En Junio, la hoz en puño.
La necesidad hace parir hijos machos.
Cuantos más seamos, más reiremos.
Hombre chiquitín, bailarín y mentirosín.
El que tenga rabo de paja, no se arrime a la candela.
A buenas horas, mangas verdes
A bien se llega quien bien se aconseja.
Amigo por amigo, el buen pan y el buen vino.
El gorrón tiene que ser sufrido.
No oigo, soy de palo.
Donde pone el ojo, pone la bala.
Di poco, pero lo poco que digas, dilo bien.
A todo marrano le llega su diciembre.
Una cosa piensa el borracho, y otra el cantinero.
La gente se arregla todos los días el cabello, ¿por qué no el corazón?.
A perro que no conozcas, no le toques las orejas.
Muchos saben el precio de algo, pero no su valor. Pues hay cosas que no tienen precio cuyo valor es incalculable.
Quien corre con más alarde, o no llega, o llega tarde.
El tuerto es el rey en el mundo de los ciegos.
Afortunado en el juego, desafortunado en amores.
De día beata, de noche gata.
La mujer para ser buena, poco culo y buenas tetas.
Más perdido que perro en misa.
Dime caldero, que el caldero me llevo.
Dios encuentra un ramo bajo para el pájaro que no puede volar
Ajo crudo y vino puro pasan el puerto seguro.
Palabra dada, palabra sagrada.
Un ojo al gato y otro al garabato.
Por las faldas se sube a las montañas.
Dame trébol de cuatro hojas y te daré moza en que escojas.
Detrás de la soga va el caldero.
Mujer que al andar culea y al mirar los ojos mece yo no digo que lo sea, pero lo parece.
Con zapato muy justo, nadie anda a gusto.
No hay tal reja como el culo de la oveja.
Como no son tuyos los zapatos, que tiras por el barro.
Irse bestia y volver más, muchas veces lo verás.
Los molinos de los Dioses muelen despacito, pero muy finito.