Lágrimas de puta, amenazas de rufián y juramentos de mercader, no se han de creer.
Afortunado el que vive tiempos tranquilos.
Buey que muge, todos le temen.
Uno trabajando y cuatro mirando, el caminos está arreglado.
A la sombra de los buenos, viven los malos.
Cura flaco y marido barrigón, ninguno cumple su función.
Bien en la sierra, o a cien leguas de ella.
Alta cama y poca ropa, es señal de gente loca.
Mal mascado y bien remojado.
Es un loco quien su mal achaca a otro.
Amor y temor, del carro humano son el temor y el aguijón.
El que no corre, vuela.
Los hijos, cuando son pequeños, entontecen a sus padres; cuando son mayores, los enloquecen.
Mande el que puede, y obedece el que debe.
El bobo todo lo sabe hacer cuando no es menester.
El hombre honra al amigo con afecto, responde a regalo con regalo. A risa responde con risa y al truco con trampa.
Cada tonto tiene su manía.
Otros más lerdos mandaron regimientos.
La avaricia rompe el saco.
El que hace feliz a una mujer, es su esclavo; quien la hace desgraciada, es su dueño.
Oro es, lo que oro vale.
Por San Simón y San Judas, la habas son orejudas.
Orejas curiosas, noticias dolorosas.
Molino que no muele, algo le duele.
Desconfía del médico joven y del barbero viejo.
El melón, calado, y el amigo, bien probado.
Quien no tiene plata, no compra corbata.
Los difuntos, todos juntos.
El pie en el lecho y la mano el pecho.
Bachiller, baila, chilla y sabe leer.
Con rabia el perro, muerde a su dueño.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
En el refugio del otro vive cada uno
Ir a trocar y no tener que, a muchos suele acontecer.
Abundancia y soberbia andan en pareja.
La mala fama vuela como el ave y rueda como la moneda, y la buena, en casa se queda.
Solo el que carga el cajón sabe lo que pesa el muerto.
Toda alegría está destinada al que tiene el corazón contento: para quien lleva siempre sombrero el cielo está lleno de sombra
Casa de capellán, la peor del lugar.
A otra cosa mariposa.
Esta vida es un fandango, y el que no la baila es chango.
El pan con ojos, el queso sin ojos, y el vino que salte a los ojos.
Hasta de una piedra necesita uno, para darse un hocicaso.
Roma, acuerdos y locos doma.
De un mismo árbol, un madero dorado y otro quemado.
Nadie da lo que no tiene.
Ruéganla que se pea, y cágase.
Pecado callado, medio perdonado.
Real que guarda ciento, es buen real.
Botella vacía y cuento acabado, no valen un cornado.