Del mal que hicieres no tengas testigo, aunque sea tu amigo.
Llora tus penas y deja las ajenas.
No hay moza fea ni moneda de oro que tosca sea.
El que cabras cría, va a juicio cada día.
El que más madrugo, un talego se encontró.
Si me ha de llevar el diablo, que me lleve en coche.
Cuando estés entre tontos, hazte el tonto.
Buen oficio es no tener ninguno.
Con las piedras que me arrojan construyo mi hogar.
Más maestra es la adversidad que la prosperidad.
Hasta verlo en la era, llámalo hierba.
Cuando hay amor hasta las cicatrices de la viruela son iguales a los hoyuelos en las mejillas.
Con los descuidados, medran los abogados.
Agua turbia no hace espejo.
Agua al mediodía, agua para todo el día.
En el llano como quiere el amo, en la cuesta como quiere la bestias.
Si el trabajo enorgullece, recuerda que el orgullo es pecado.
Al tiempo del higo, no hay amigo.
Lo que tiñe la mora, otra verde lo decolora.
Como quiera que te pongas siempre tienes que llorar.
Abrir al hombre y dar lugar por donde le entren al melonar, sería necedad.
Hijo de puta no es nacer, es más bien saberlo ser.
No empeñes las prendas, mejor que las vendas.
Un mendigo se compadece de otro que está parado enfrente de una puerta
El río pasado, el santo olvidado.
Marzo marceador, de noche llueve y de día hace sol.
El viejo que se cura, cien años dura.
Pan duro, pero seguro.
Oye lo que yo digo y no mires lo que hago.
No hay más brava cosa, que una mujer celosa.
Más cura el tiempo que soles y vientos.
La vecindad es fuente de amistad.
Este navega con banderita de pendejo.
El hijo prevenido se abastece en el verano, pero el sinvergüenza duerme en tiempo de cosecha.
El sol brilla para todos.
El que paga manda y el que no se aguanta.
La gata de doña Flora, si se la ponen grita, si se la quitan llora.
A la mujer no la cates, no es melón.
Zurcir bien es más que tejer.
Para el mal de la perra, pelos de la misma perra.
A quien siembra espeso, dos veces le merma la panera: una cuando coge y otra cuando llena.
La lluvia de primavera es tan preciosa (valiosa) como el acerte.
Quien por mucho deja lo poco, suele perder lo uno y lo otro.
Cuando un sábado al anochecer veas nubes pardas, al otro día domingo.
No por mucho cargar sobre los hombros a los amigos te vuelves jorobado
A buenas horas, mangas verdes
Caldo de gallina y precaución, nunca dañaron ni ha hembra ni a varón.
El zorro pierde el pelo, pero no las mañas.
Los caballos blancos y los pendejos, se distinguen desde lejos.
A gusto dañado, lo dulce le resulta amargo.