Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender.
Que el amor no imite las fuertes olas, numerosas pero efímeras; sea en cambio como el agua escondida bajo la arena: parece imposible encontrarla y se la encuentra
Joven, guapa, con dinero y a mi puerta viene a llamar, ¡trampalantrán!.
La gratitud no es a perpetuidad como los sepulcros.
Buey amarillento, poco andar y mucho pienso.
Se conoce a sí mismo aquel que vive en armonía con el universo navajo.
Antes encontrarás burro con cuernos que amigo perfecto.
Lejos de los ojos, lejos del corazón.
Mal viene el Don con la carga de paja.
Yo no lo entiendo, que tanta gente de bonete dónde mete.
No hables mal de las mujeres si en tu casa mujer tienes.
De ovejas blancas, nacen corderos negros.
Cuando el dedo señala la luna, el bobo mira el dedo.
Burro que gran hambre siente, a todo le mete el diente.
Lo escrito, escrito esta.
Ni siquiera un dios puede cambiar en derrota la victoria de quien se ha vencido a sí mismo.
Al viejo no le falta que contar, ni al sol ni al hogar.
En el amor y la guerra, todo hueco es trinchera.
La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria.
Tu amigo tiene un amigo, y el amigo de tu amigo tiene otro amigo; por consiguiente, se discreto.
De ninguno has de decir lo que de ti no quieras decir.
Buenas cartas a veces pierden.
De donde vino el asno vendrá la albarda.
El que se apura, poco dura.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
A como come el mulo, caga el culo.
Cuando Dios se hizo hombre, ya el diablo se había hecho mujer.
Pan no mío, me quita el hastío.
Dar antes que amagar.
Dinero en la bolsa, hasta que no se gasta no se goza.
Una palabra bondadosa puede calentar tres meses de invierno.
Fraile, manceba y criado son enemigos pagados.
Burro pequeñín, siempre nuevecín.
Cuando suena el tiro, ya la bala ha salido.
Otoño presente, invierno en la acera de enfrente.
Oro en manos de pobre, parece cobre.
Don sin Din, gilipollas en latín.
Entre sastres, no se pagan hechuras.
El que las sabe, las tañe.
Más vale caer en gracia que ser gracioso.
Café cocido, café perdido.
Del mirar nace el amar y del no ver el olvidar.
Amor no quita conocimiento.
Trata a la Tierra y a todo lo que hay en ella con respeto.
Cada cual quiere las cosas a la medida de sus narices.
Yo digo que llueve, pero no que diluvia
Guardado el dinero, no pone huevos.
Donde no hay cabeza, no hace falta sombrero.
La confianza mató a su amo.
A carnero castrado no le tientes el rabo.