Nadie tropieza mientras está acostado en la cama.
Dinero olvidado, ni agradecido ni pagado.
Para coger peces, hay que mojarse el culo.
La enjalma no se da cuenta, en donde al burro le asienta.
Hay tres cosas que se tienen que hacer en la vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro.
Al mal caballo, espuela; a la mala mujer, palo que le duela.
La liebre y la puta, en la senda la busca.
Tres jueves tiene el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Cristi y el día de la Ascensión.
Cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba pero el tonto sigue.
A la fuerza ahorcan.
Amores de lejos no son parejos.
Donde pone el ojo, pone la bala.
Interés, cuánto vales.
Al fuego porque se apaga, al fraile porque se inflama.
Me basta un rincón junto a la chimenea, un libro y un amigo, un sueño breve, no atormentado por las deudas
Comprar al pobre, vender al rico.
Pronto y bien no hay quien.
Cuanto se deja de dormir, tanto se acrecienta en vivir.
La promesa debe ser cumplida y la acción debe tener resultado.
La vejez es deseada, pero cuando llega, odiada.
Echa cuentas, que te saldrán cuentos.
De una espina, nace una rosa.
Quien comprar quiere la yegua o el burro antes la menosprecia.
Bien y pronto, solo lo intenta algún tonto.
Guerra y racimo comenzados, no son dejados.
Dime y olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé.
Hasta en los mocos hay diferencia: unos se tiran al suelo y otros se guardan en pañuelos de seda.
Los reyes tienen los brazos largos.
Buey que no esté en el mercado, no es vendido ni comprado.
Al que nunca bebe vino no le fíes ni un comino.
Cuando la piedra ha salido de la mano, pertenece al diablo.
Vence en la mocedad los días buenos, y para la vejez quedan los duelos.
Más difícil que matar un burro a pellizcos.
El hombre acucioso y fuerte. no confía Solo en la suerte.
La salud no está en el plato, sino en el zapato.
Dime con quién andas y te diré quién eres.
Como no son tuyos los zapatos, que tiras por el barro.
El viejo el hipo para morir, el niño el hipo para vivir.
Un clave pequeño abre grandes puertas.
Abanico calañés cuesta dos cuartos o tres.
El rico come "sudao", y el pobre sudando.
A fuerza de probaturas perdió el virgo la Juana.
Cual seso tuve, tal cabeza traigo.
Frío hace, no me place; pan caliente bien me sabe y a la lumbre bien me huelgo y en la cama bien me extiendo: moza lozana, conmigo en la cama.
No creas en el llanto de un heredero, muy a menudo no es más que una risa disimulada
Hasta los animales se fastidian.
Solo una puerta no abre el martillo de oro: la puerta del cielo.
No hay mejor hechizo que el buen servicio.
Tiempo al pez, que picará alguna vez.
El buey huertero se caga en la entrada o se caga a la salida.