Compra de quién heredó, que barato te lo dará, pues regalado lo recibió.
Al más charrán paga le dan.
Año de brevas, nunca lo veas.
Muchas veces los amos son los mayores sirvientes en la casa.
Yo le digo que se vaya y él desátase las bragas.
El hombre honrado a las diez acostado.
Si no puede edificar una casa, construye un corazón.
El tiempo todo lo cura
Es más fácil para una hormiga transportar una montaña que mover a los que mandan.
Secreto a voces.
Del árbol caído, todos hacen su asiento.
Muchos Trueno y nada de auga.
En largos caminos se conocen los amigos.
El que da sin que otros den, es vanidad; el que quiere que los otros den sin él dar nada, es avaricia; el que da y desea que los otros den también, es caridad; el que no quiere dar ni que se le de, es dureza.
Todos obedecen con gusto cuando el que manda es justo.
La mujer maluca abajo tiene el azúcar.
Septiembre el vendimiador, corta los racimos de dos en dos.
Cultiva centeno, mientras brilla el sol.
A tu mesa ni a la ajena, no te sientes con la vejiga llena.
A cada día su pesar y su esperanza.
Amante atrevido, de la amada más querido.
Quien lo ha de hacer, no lo dice.
Enero, claro y heladero.
En el juego y el licor, se reconoce al señor.
Estas matando el tiempo, no sabes que el tiempo es quien te esta matando a ti.
La zorra vieja vuélvese bermeja.
El mundo es una rosa, huélela y pásala a tu amigo
La mar y a la mujer, de lejos se han de ver.
El hablar, es más fácil que el probar.
A la fortuna, por los cuernos.
No vengas a asustar con el petate del muerto.
Chica centella gran fuego engendra.
El brazo a trabajar, la cabeza a gobernar.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
Hace buena cuenta quien con lo suyo se contenta.
Si quieres convertirte en calígrafo: Escribe, escribe y escribe.
Lo raro es caro.
Chimenea acabada, a los tres días ahumada.
En casa del herrero, martillo de palo.
El gato de Mariramos halaga con la cola y araña con las manos.
Buey amarillento, poco andar y mucho pienso.
Muchas manos en la Hornillos, no Dejan probar morcilla.
Quien ha de pasar la barca no cuenta jornada.
La letra, con sangre entra.
A las penas y al catarro, hay que darles con el jarro.
Más vale poco y bien arado, que no mucho y arañado.
En las horas de trabajo, los amigos al carajo.
Como canta el abad responde el monaguillo.
No hay balanza tan recta que algún tiempo no se tuerza.
Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.