Si eres pobre, no quieras hacer lo que el rico.
El cazador no se frota con grasa y se pone a dormir junto al fuego.
Mucho beber y no caer, non pode ser.
Lo que llena el ojo, llena el corazón.
La curiosidad anda en busca de novedad.
Quien sobre tarja bebe, lo bebido lo mea y lo meado lo debe.
Burro amarrado, leña segura.
Da Dios el frío conforme al vestido.
Alabaos, coles, que hay nabos en la olla.
¿Mirón y errarla?.
Tenís más grupo que banco de sangre.
Hacienda de pluma, poco dura.
El que al amigo desea gran prosperidad, desea se deshaga la amistad.
El día que arda la enramada, se verá la llamarada.
Detrás de los picos van los chicos.
Los pícaros creen que nada puede hacerse sin picardía.
No hay fiera más fiera que el que ingrato sea.
De lo que por sutil se quiebra, no hagas hebra.
Levantar la liebre para que otro la mate es disparate.
Sobre mojado, llueve.
Lo que es duro de ganar, es difícil de gastar.
Más ordinario que un sicario en un burro.
El dolor es antiguo
La vejez mal deseado es.
Amistad del poderoso, sol de invierno y amor de mujer, duraderos no pueden ser.
El mal hablar es semilla del mal obrar.
Donde hay hambre no hay tortilla mala.
Chico hoyo hace el que se muere apenas nace.
Favorecer, es por norma perder.
Pan para hoy, hambre para mañana.
Chancla que yo tiro, no la vuelvo a recoger.
Al romero que se le seca el pan en el zurrón, no le tengas compasión.
El placer es víspera del pesar.
El que de servilleta llega a mantel, Dios nos libre de él.
Loro viejo no aprende a hablar.
Nunca llovió que no se despejara.
El miedo a los pequeños defectos hace crecer los grandes
Hay quien va a por lana y vuelve trasquilado.
Pelillos a la mar y lo pasado olvidar.
Para aprender a rezar no hay como viajar por mar.
Enemigos me de Dios, y amigos no.
Amor loco, yo por vos, y vos por otro.
No hay cosa que no tenga su contra.
Por unos pierden otros.
De mi maíz ni un grano.
El corazón de una persona mala nunca es puro.
Las cadenas de la esclavitud atan solo las manos
Hombre hablador, poco cumplidor.
No importa cuantas veces hayas caído, lo importante es cuantas te puedas levantar.
Arrojar un ladrillo para incitar a los demás a enseñar sus jades.