Bailar sin son, o es gran fuerza o es gran afición.
El hambre viene sola, pero no se va sola.
Antes de que acabes, no te alabes.
Adonde halló un panal, vuelve el oso a husmear.
Ve a menudo a casa de tu amigo, porque la maleza puede borrar el camino.
Cada uno va a su avío, y yo, al mío.
Quien hace preguntas no es tonto.
Aquel que guarda siempre tiene.
En Santo Domingo de la Calzada, canto la gallina después de asada.
A espaldas vueltas, memorias muertas.
Los dioses ayudan al que trabaja
Jumento es un gran suplefaltas: si no hay caballo, él trota; si no hay buey, él ara.
El amor enseña a los asnos a bailar
Tras el buen comer, ajo.
La amiga y la espada antes dada que prestada.
No pongas nunca la zorra a guardar gallinas.
Consejos ciertos, los que a los vivos dan los muertos.
Después de que baile bien aunque sea fea.
El que está en el molino es el que muele, y no el que va y viene.
Hablar más que lora mojada.
Pequeña hacha derriba un roble.
El casado, casa quiere y costal para la plaza.
Al mal caballo, espuela; a la mala mujer, palo que le duela.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Beber, para comer; y aún eso, sin exceso.
El arandino se lava con vino, lo lleva de camino y lo bebe de continuo.
Viuda honrada, su puerta cerrada.
Zorro dormilón no caza gallinas.
Quien en ruin lugar hace viña a cuestas saca la vendimia.
Decir pares, y salir nones, les ocurre a los mamones.
Indio que va a la ciudad, vuelve criollo a la heredad.
El árbol con demasiadas hojas no da siempre frutos sabrosos.
Yo a vos por honrar, vos a mí por encornudar.
Disparar otra flecha para encontrar la anterior
Agua en cesto se acaba presto.
Mercader y puerco, quiérolos muertos.
Allá ellos que son blancos y se entienden.
Ve donde no te llaman y volverás con las orejas gachas.
Mejor perdiz en la mano, que dos en el campo.
En la tierra del ciego, el tuerto es rey.
Humo de hogar no empaña el cielo.
De lo propio, se da un puñado; de lo ajeno, llena el saco.
Viejos los cerros y reverdecen
A mal viento va esta parva.
La envidia sigue a los vivos, y a los muertos el olvido.
Me importa un bledo.
Ni a pícaro descalzo, ni a hombre callado, ni a mujer barbada les des posada.
Mucho ojo, que la vista erro.
Blanco hielo, es de lluvia mensajero.
Adiós, Blas y que Dios te lo pague, ya te vas.