Los celos son el amor propio de la carne
Cazador con levita, quita, quita.
Acelgas benditas, de día tronchos y a la noche hojitas.
Quien se conforma tan solo con ver, ni siquiera piensa en tocar.
La reputación dura más que la vida.
Albañil seas y en el cierre de un tejado te veas.
A barbas honradas, honras colmadas.
Muchos cabitos de vela hacen un Cirio pascual.
A chico santo, gran vigilia.
Casadme, padres, casadme, que el cuerpo me arde.
Incluso la piedra se rompe si el fuego es lo bastante fuerte.
Cero grados, ni frio, ni calor.
Cabeza grande, talento chico.
Barba a barba, vergüenza se cata.
Moza gallega, nalgas y tetas.
Quien habla en voz alta, piensa poco.
La más cauta es tenida por más casta.
Gala sin oro, aunque cueste mucho, luce poco.
La dama que es distinguida, por sí sólita se cuida.
Quien no canea, calvea.
Cenas, soles y Madalenas, tienen las sepulturas llenas.
A tal amo tal criado.
Dios da bragas a quien no tiene culo.
Gallo fino no extraña gallinero.
Alba roja , vela moja.
Muchachada esbelta y fina, tiene la carne apretada.
Ojos dulces y apacibles, pero hay cosas más tangibles.
Carnero castellano, vaca gallega, arroz valenciano.
Todo tiene su precio, pero hay precios que no merece la pena pagar.
A carrera larga, cada galgo se queda en su puesto.
A la corta o a la larga, el galgo a la liebre alcanza.
Hijo ajeno, candela en el seno.
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
No hay secreto si tres lo saben.
Necio que sabe latín, doble rocín.
Amigo leal y franco, mirlo blanco.
La Cruz, la viña reluz.
Cara de beato y uñas de gato.
Cielo a corderos, agua a calderos.
La verdadera grandeza no renuncia a la amabilidad.
De las carnes, el carnero; de los pescados, el mero.
Hebra larga, costurera corta.
Cual es el rey, tal es la ley.
Cenas, y penas, y Madalenas, y soles, matan a los hombres.
Una respuesta amable mitiga la ira.
Cielo estrellado, tiempo variado.
Callemos, que el sordo escucha.
Comparte la carga y ésta será más ligera.
Con una buena media y un buen zapato, hace la madrileña pecar a un santo.
Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría.