Una palabra bondadosa puede calentar tres meses de invierno.
Nadie regala nada a humo de pajas.
Dios nos coja confesados.
Las flores son para los muertos.
No ver, y creer en lo que no se ve, son elementos esenciales de la fe
Si no sabes sonreír, no pongas tienda. (Confucio).
Dios perdona a quien su culpa llora.
El que hace bien a los demás se beneficia a sí mismo.
Si vas para volver, no vayas.
El infierno está lleno de buenas intenciones y el cielo de buenas obras.
La flecha que indica el camino y el sendero que conduce a la cumbre se llama acción
¡Somos gente pacifica y no nos gusta gritar! (Transición española)
Si escuchas a ambas partes, se hará en ti la luz; si escuchas a una sola, permanecerás en las tinieblas.
La gente discreta, no suelta la jeta.
Ni domes potro, ni tomes consejo de otro.
Junto al río o al convento no hagas nada de fundamento.
El hombre teme el paso del tiempo y el tiempo teme el paso de las pirámides.
Para todos hay un cementerio.
Siendo tan bellas las flores de loto, solo con el verdor de las hojas resalta su hermosura.
Predica la fe hasta que consigas tenerla, luego predicarás sobre la que tienes
Cuando Dios amanece, para todos lo hace.
Digas lo que digas, siempre dirán que dijiste, que no dijiste nada
Una vez en la llanura, incluso el tigre se ve a merced de un perro.
En sí toma buena doctrina el que en cabeza ajena se castiga.
Hasta los animales cuidan sus crías.
Cinco dedos son hermanos, no iguales.
Variante: Caridad y amor no quieren tambor; en silencio viven mejor.
El creído majadero, pierde más que el consejero.
El que no mira, suspira.
Da generosamente sin esperar nada a cambio. Así nunca te decepcionarás y hallarás a menudo agradables sorpresas.
En los tiempos cuaresmales, los ponientes, vendavales.
El que tiene padrino es el que se bautiza.
Ira de hermanos, ira de diablos.
Si volaran los necios, no veríamos el cielo.
Una receta que cambia el agua pero no la medicina.
Aunque el asno vaya a la Meca no por eso es peregrino.
Quien habla con argumentos, no grita ni hace aspavientos.
Burro cargado, busca camino.
A palabras vanas, ruido de campanas.
Se te caes siete veces, levántate ocho.
No creas en el llanto de un heredero, muy a menudo no es más que una risa disimulada
Que mis enemigos sean fuertes y bravos, para que yo no sienta remordimiento al derrotarlos.
Una espina en el ojo.
Ni pidas a quien pidio, ni sirvas a quien sirvio.
Guardólo Dios de piedra y niebla, más no de puta vieja.
Deja al maestro, aunque sea un burro.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Se sincero y honesto siempre.
Cuando los santos hablan, licencia de Dios tienen.
Cuando no seas preguntado, estate callado.