Reyes y gatos son bastante ingratos.
Cura y médico de aldea, por ellos vengan lo que desean.
Amigos, oro y vino viejo son buenos para todo
Ver para creer.
Los pecados son de los hombres, no las instituciones.
Secreto tan solo es lo que sabemos dos: Dios y yo.
Ni estopa con tizones ni mujer con varones.
Cuando los solteros se divierten en el cielo, truena.
Repartió Dios, y le tocó el cielo.
Perdona el error, pero no lo olvides.
Comamos lo tuyo, bueno y santo, que de lo mío no tengo hambre.
Trabajo hecho en domingo, el diablo se lo lleva.
Para San Matías se van los tordos y vienen las golondrinas.
Dios da frío según la ropa.
Los hijos del oidor que murió están más muertos que el oidor.
De chicos es el temer y de grandes el atrever.
Un huésped constante nunca es bienvenido.
A lisonjeros dichos no le prestes oídos.
Como es el padre, así es el hijo.
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.
A quien a buen culo se arrima, buenas hostias le propinan.
El que buen salto da, a sus pies se atiene.
De pastores, pastoradas y si te embobas alguna pedrada.
Ay, Jesús, que el rosario de mi compadre no tiene cruz.
De casa que amanece a mediodía, guárdenos Dios y Santa María.
Justicia, dios la conserve; pero de ella nos preserve.
Bien ora quien bien obra.
El que planta árboles, ama a los otros además de a sí mismo.
Dios castiga, sin palo y sin cuarta.
Si Dios te da piedras, contruye un puente y golpéalo antes de pasar.
Confía en lo que ves
El que hace lo que no debe, sucédele lo que no cree.
Ingratos hacen recatados.
Cara de beato y uñas de gato.
El infierno está lleno de buenas intenciones y el cielo de buenas obras.
Cuando es demasiada la cera, quema la iglesia.
Palabras de santo, uñas de gato.
Malo es pecar, y diabólico perseverar.
Dios es omnipotente y el dinero su teniente.
El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.
Ni fíes, ni porfíes, ni arriendes y vivirás bien entre las gentes.
A ira de Dios, no hay casa fuerte.
Padre no tuviste, madre no temiste; hijo, diablo te hiciste.
El río pasado, el santo olvidado.
Casadme, padres, casadme, que el cuerpo me arde.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
La ley de Dios no come trampa.
A Dios lo mejor del mundo, pues es señor sin segundo.
Quién no gusta del vino, de Dios espere el castigo.
De buenas intenciones, está empedrado el infierno.