La necesidad hace maestros.
Quien envidioso vive, desesperado muere.
Algo daría el ciego por tan siquiera ser tuerto.
El peor enemigo es una felicidad demasiado prolongada
Nadie, nadie se conmueve, por la sed con que otro bebe.
La mar y a la mujer, de lejos se han de ver.
Por San Andrés mata tu res, chica, grande o como es.
Ver pecar, convida a pecar.
Sentarse en las cenizas entre dos banquillos
Madre hay una sola.
Regla y compás, cuanto más, más.
En queriéndome Dios aunque no me quieran los santos.
Llenarle la cuenca a alguien.
cuando menos lo merezca, ya que es cuando más lo necesito.
Es engaño triste y vano, consolarse con la mano.
Faena que tu bolsillo llena, buena faena.
La que de treinta no tiene novio, tiene un humor como un demonio.
A la mujer y a la cabra, la cuerda larga.
El espejo y la amistad siempre dicen la verdad.
Quien busca mucho, al fin topa, aunque sea una muda de ropa.
Todo día tiene su noche, toda alegría tiene su pesar.
Carne de junto al hueso, dame de eso.
Mujer precavida vale por dos.
Cuando promete un hombre honrado, queda obligado.
Es cosa de locos querer coger mucho sembrando poco.
Ayer era una flor, hoy solo es un sueño
Llave que en muchas manos anda, nada guarda.
Cosa hecha aprisa, cosa de risa.
Calumnia, que algo queda.
A quien da y perdona, nácele una corona.
Los bienes son para aquellos que saben disfrutarlos.
Ni puta sin amigo, ni huerta sin cabrahigo.
Crece el huevo bien batido, como la mujer con el buen marido.
Por pedir, nada se pierde.
Aunque tengas todo lo que desees en la tierra, nunca dejes de mirar al cielo.
Cada cosa tiene dos asas una que está fría y otra que abrasa.
Quien perdona pudiendo vengarse poco le falta para salvarse.
Adulador; él es tu enemigo peor.
Quien mocos envía, babas espera.
Échate a enfermar y verás quién te quiere bien o quién te quiere mal.
Un hombre es juzgado por la compañía que lo rodea.
Los frutos más hermosos los da el árbol más viejo Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
Septiembre frutero, alegre, festero.
Siempre queda algo de fragancia en la mano que da rosas.
Palabras melosas, siempre engañosas.
Date a placer, Miguelejo; morirás de viejo.
Santo que mea, maldito sea.
Valentón y rufián, allá se van.
El que quiera ser bohemio, que no se eche el lazo al cuello.
Es amigo, o enemigo, o mal criado, quien sube sin llamar desde abajo.