Dar al olvido.
Mal ajeno, no cura mi duelo.
Al fuego y al fraile no hurgarles.
Aguja en pajar, mala es de hallar.
Al mal trabajador no le viene bien ningún azadón.
Durmió conmigo anoche o qué, que ya no saluda.
Malo, pero ajeno, sabe a bueno.
Boca abierta, dientes de oro.
Contigo, pan y cebolla.
Amigos que no dan y parientes que no lucen, a pelotazos que los desmenucen.
En casa de Amanda, ella es la que manda.
Músico pagado, contento pero desafinado.
Quien hace, aplace.
Un hombre no vaga lejos de donde se está asando su maíz.
Comida hecha, amistad deshecha.
Por muchos pueblos y países anduvimos y, es seguro, de todos alguna cosa aprendimos.
Mal ajeno, del pelo cuelga.
Favor publicado, favor deshonrado.
De aire colado y de fraile colorado, guárdeme Dios.
Mal se honra hombre con lo ajeno.
Ser desagradecido es de mal nacidos.
Hormigas con ala tierra mojada.
Abriles y condes, los más traidores.
Quien a mano ajena espera, mal yanta y peor cena.
Flaco hombre, mucho come.
Pesar ajeno, no quita el sueño.
Hay confianzas que dan asco.
Zurdos y cojos, denme en los ojos.
A la mujer y al aguardiente, ¡de repente!.
Gusta lo ajeno, más por ajeno que por bueno.
El hombre teme el paso del tiempo y el tiempo teme el paso de las pirámides.
El aragonés fino después de comer tiene frío.
Abierto el saco, todos meten la mano.
Agrada y te agradarán.
A nadie le amarga un dulce.
¿A un perdido, quién lo pierde?.
Pueblos vecinos, mal avenidos.
Negar que negarás, que en Aragón estás.
Hombre cortés, de todos estimado es.
Y el que es panzón ni aunque lo fajen.
Mostacho gacho, señal de borracho.
Los enamorados, no ven a los lados.
En las horas de trabajo, los amigos al carajo.
De lo ajeno, gastar sin miedo; de lo propio, poquito a poco.
Ama de buen grado, si quieres ser amado.
Al endeble todos se le atreven.
Pandequeso caliente: quien no lo compre, no lo tiente.
Café cocido, café perdido.
Más mamado que chupo de guardería.
Los locos a la guerra, los cuerdos en su tierra.