Cuando viejo el perro es, la zorra se mea en él.
La mujer es como una sombra: no podrás atraparla, pero tampoco huir de ella.
Mal ajeno, no cura mi duelo.
A gran calva, gran pedrada.
El día dos de Febrero, cayó la rata en el puchero.
El pastor ruin, por no dar un paso, tiene que dar mil.
Agua mansa, traidora y falsa.
Sabiduría probada, no dársele a uno para nada.
Ni patos a la carreta, ni bueyes a volar, ni moza con viejo casar.
En caso de duda, la más tetuda.
A un burro le hacían obispo y lloraba.
La vida es una universidad.
Cinco: por el culo te la hinco.
El diablo, harto de carne, se metió a fraile.
De esa manera, mi abuela.
Lo que la mujer no logra hablando, lo logra llorando.
Del amor al odio, solo hay un paso.
Cuando la cólera sale de madre, no tiene la lengua padre.
Para San Vicente, enero pierde un diente.
La envidia es carcoma de los huesos.
La ausencia causa olvido.
Se dice el pecado, pero no el pecador.
Mujeres y avellana, muchas salen vanas.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
Por San Lucas, mata tus puercos, tapa tus cubas y prepara tus yuntas.
Poco sol, poca cena y poca pena, y tendrás salud buena.
El que se levanta tarde, ni oye misa ni come carne.
Darás con la cabeza en un pesebre.
A la mujer y a la burra, cada día una zurra.
Cuando el Diablo envejeció, a santero se metió.
No estará muy triste, quien de rojo viste.
Amor mezclado con duro, fracaso seguro.
Carta echada, no puede ser retirada.
A Dios rogando y con el mazo dando.
El que nada no se ahoga.
El secreto de la vida no está en vivir, sino en vivirla.
A burra vieja, albarda nueva.
No nada más de pan vive el hombre.
Mal se cuece olla que no se remece.
La mujer puede tanto que hace pecar a un Santo.
A la fea, el caudal de su padre la hermosea.
Ante la desgracia y el dolor, ten un poco de gracia y humor.
Quien más no puede, con su mujer se acuesta.
El rico no pierde sino el alma, y las hijas de los pobres.
Más son los amenazados que los acuchillados.
Fiebre cuartana no hace jamás sonar campana.
A la leche, nada le eches; pero le dice la leche al aguardiente: ¡déjate caer, valiente!.
Fuerte desdicha es, no aprovecharse de la dicha.
A ruin, ruin y medio.
Cuando la fiebre declina, tiempo propicio de dar quina.