Una en el papo y otra en el saco.
Benavente, buena tierra y mala gente.
Vida sin amigo, muerte sin testigo.
Dijo el jamón al vino: aquí te espero, buen amigo.
¿Fiaste?. ¡La cagaste!.
De quien te habla y no te mira mientras haces alguna cosa espérate la traición.
Calabazas coloridas, en otoño recogidas.
Del joven voy, del viejo vengo.
El cura de la aldea, por él venga lo que desea: que mucha gente se muera.
En la casa donde no hay gobierno, a pellizcos se va un pan tierno.
Quien su origen no conoce, su destino desconoce.
Bebe y ata la bota.
A perro macho lo capan una sola vez
Indio comido, puesto al camino.
Mojarse el potito.
Ni de saúco buen vencejo, ni de cuñado buen consejo.
Flaca es la mujer por gorda que esté.
En casa del herrero, nunca falta un palo.
A tal señor, tal honor.
El lobo y la oveja, nunca hacen pareja.
Quien quiera mujer eterna que se case con una enferma.
Quien más ama más gasta; quien mucho acumula mucho pierde
Salud sin trabajo, campana sin badajo.
¡Llueve sopa y yo con tenedor!
Un huésped constante nunca es bienvenido.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Agua en febrero, promesa para el agricultor
Mucho escuchar y poco hablar buena fama te han de dar.
Más merezco; pero contigo me conformo.
Como pecas, pagas.
El sol brilla para todos.
Amor, con amor se cura.
Al que es fraile, todos le parecen del mismo aire.
Al roto, patadas y porotos.
la ropa son alas.
Si quieres que te vengan a ver ten la casa sin barrer
El amor mueve montaña.
Estrenar casas y domar potros, otros.
Hijo de gato caza ratón.
El arbolito desde chiquito.
Amor con celos, causa desvelos.
Mujeres y Palomas, aunque salgan con gemidos, vuelven a sus nidos.
Amor nunca dice basta.
A barba muerta, obligación cubierta.
Casa sin gobierno, disgusto eterno.
Comer, besar y rascar, es solamente empezar.
La jodienda no tiene enmienda.
La primera copa es la de la sed, la segunda por compañía, la tercera por alegría.
Da generosamente sin esperar nada a cambio. Así nunca te decepcionarás y hallarás a menudo agradables sorpresas.
A cada renacuajo dio Dios su cuajo.