El cazador que habla demasiado, va a casa de vacío dio.
Viudas, casadas y doncellas, buenas son todas ellas.
Una deuda, veinte engendra.
De las angustias, la muerte; de las fieras, las mujeres.
Cacera y pesquera, a la vejez piojera.
Mujer asomada a la ventana o es puta o esta ENAMORADA.
A la mujer y al aguardiente, ¡de repente!.
Tres cosas echan de su casa al hombre: el humo, la gotera y la mujer vocinglera.
Costumbres hacen leyes, que no los reyes.
Acelgas benditas, de día tronchos y a la noche hojitas.
Cada puta hile y devane y el rufián que aspe.
Estoy como gallo en corral ajeno
Zorra que duerme, en lo flaca se le parece.
Hablar más que lora mojada.
A persona lisonjera no le des oreja.
Acelgas bonitas, de día las pencas, de noche las ojitas.
Aunque tu mujer haya cometido cien faltas, no la golpees ni con una flor.
Te lo digo a ti, mi nuera; entiendelo ti mi suegra.
Cada abeja vive en su colmena y no se mete en la ajena.
Un ruin ido, otro venido.
El que más madrugo, un talego se encontró.
La novia, de contado, y la dote, de prometido.
Piensa que vengo de arriar jutes con pistola
La tortilla y la mujer, se han de comer en caliente, pues si las dejas enfriar, ni el diablo les clava el diente.
Amistad veloz, arrepentimiento asegurado
La mula con mataduras, de lejos ve venir las urracas.
Ocasión que se pasó, pájaro que voló.
La abuela que no guardo leña en abril, no supo vivir.
Hija de vaca pintada, siempre sacará la mancha.
Necio que sabe latín, doble rocín.
La que adoba no es María, sino la especiería.
Renegad de viejo que no adivina.
En el andar y en el beber se conoce a la mujer.
Variante: Ser desagradecido es ser mal nacido.
La ventura de la barca, la mocedad trabajada y a la vejez quemada.
Buey viejo, surco nuevo.
No oigo, soy de palo.
Carne de cochino, pide vino.
Trata con escama y tino a los que no beben vino.
Aguja calumbrienta, no estarás en mi herramienta.
Mujeres y almendras, las que no suenan.
Mea a gusto y contento, pero por favor, ¡mea dentro!
Empieza a cuidar la naturaleza y la naturaleza cuidará de ti.
Mujeres y aves, todas poner saben: ésta poñen huevos, y aquellas poñen cuerno.
Hacienda de señores, se la comen los señores.
Haciendo de sobrino quematela al fuego y llevatela al rio.
Consejos a viejas y pláticas a gitanos, trabajos vanos.
Por fin lo comprende mi corazón: escucho un canto, contemplo una flor: ¡Ojalá no se marchiten!
El que siembra maíz, que se coma su pinole.
A confite de monja pan de azúcar.