La sardina y el huevo a dedo.
Sacristán que vende cera y no tiene cerería, ¿de dónde la sacaría?
Amigos y compadres búscalos entre tus iguales.
Cuanto más primos, más adentro.
Una buena dote es un lecho de espinos
Como el apóstol 13, come y desaparece.
El que pide lo justo, recibe migajas.
Un ciego lloraba un día porque espejo quería.
Boca con boca se desboca.
La amistad, la que quieras, pero la cebada, a veinte la fanega.
De todos modos, Juan te llamas.
La dicha de la fea, la hermosa la desea.
A los ojos que aman no les avergüenza mirar
Dinero olvidado, ni agradecido ni pagado.
Al que huye del trabajo, el trabajo le persigue.
Bizcocho de monja, fanega de trigo.
Los novios son como los mozos, se van unos y vienen otros.
Por San Lucas siembra habucas; siembra pocas y cogerás muchas.
Ni amigo burgalés, ni cuchillo cordobés.
De casa en que amanece tarde, Dios nos guarde.
El que debe y paga, descansa.
Alábate pollo que mañana serás gallo.
Cuando veas las barbas de tu vecino arder... mete la tuya en remojo
A Dios, lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar.
Otro gallo le cantara.
Un duro y un vaso de buen vino son los mejores amigos, y en caso de mucho apuro, si no tienes el vaso, ten el duro.
Mucho corre la liebre, pero más el galgo que a prende.
Pobre no es aquel que tiene poco, sino aquel que teniéndolo todo, quiere aún más.
Casa, viña y potro, hágalo otro.
Nadie perdona que le hagan un favor.
Cual andamos, tal medramos.
Gana tenía de tronchos quien besaba al hortelano.
Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.
De la casada y la separada, dos cucharadas.
Necios y porfiados, hacen ricos a letrados.
Hijos y hogar, son la única verdad.
Cuando el árbol está desarraigado, las hormigas lo toman por asalto.
Es siempre provechoso abrir cualquier libro.
Callar y callemos que todos de barro semos.
Cara de melocotón, de niño y no de hombrón.
Jurar ves magaña, quien jura te engaña.
Pan de ayer, vino de antaño y carne manida dan al hombre la vida.
Gente de montaña, gente de maña.
Lo raro es caro.
La aguja viste a los demás y permanece desnuda.
Ya has contado las hazañas de tus abuelos; cuenta ahora las tuyas, y nos reiremos.
Es hombre honrado el que es todo lo que hay que ser para no morir ahorcado.
El hombre sin honra, más hiede que un muerto.
No hay mal que dure 100 años ni cristiano que los aguante.
A Dios y a su altar, lo mejor has de dar.