Despedida de borrachos.
En casa con hombres y sin vino, todo anda mohíno.
Paciencia, hermanos y moriremos ancianos.
El que nace chicharra, muere cantando.
Quien se excusa se acusa.
Bien juega quien mira.
El pobre que pide pan, toma carne si se le dan.
Café cocido, café perdido.
Tantos son nacidos, tantos son queridos.
El que no corre, vuela.
El que tiene la plata pone la música.
Para el verano te espero, pollo tomatero.
El bien no se sabe fuera del hogar, mientras que el mal se transmite a la lejamía.
Cuando el Diablo envejeció, a santero se metió.
La vida es un montón de pequeñas cosas
Un ochavo poco vale; pero sin él no hay real.
Lo dicho, dicho está.
Para una hormiga, una tormenta es una lluvia torrencial.
El hombre discreto hace nacer más oportunidades que las que encuentra.
Amigo tarambana, el que lo pierde, gana.
Bendita la casa que a viejos sabe.
Buena fiesta hace Miguel, con sus hijos y su mujer.
Tiene suficientes riquezas el que no pide prestado ni tiene que adular a nadie.
Aceitunas: una oro, dos plata, la tercera mata.
Lo que no va en lágrimas va en suspiros.
Enero y Febrero desviajadero.
El que muchos oficios tiene, con ninguno se mantiene.
Guarda y ten, y te vendrán a ver.
Mal ajeno, a nadie le importa un bledo.
Caballo andador tropezador.
La lengua no es de acero, pero corta.
El centavo mal habido corrompe al peso honrado.
Una imprudente palabra, nuestra ruina a veces labra.
Alcanza, quien no cansa.
La barca por sí sola va derecha hacia el arco al legar al puente.
Luce y reluce el buen vino, en buen vaso cristalino.
Tus hijos harán contigo, lo que tú hicieres conmigo.
Buscaba el necio su asno y lo llevaba debajo.
Caballo corredor, pronto se cansa.
La esperanza es lo último que se pierde.
Mejor el demonio que te hace progresar, que el ángel que te amenaza.
El que madruga, es sereno.
Agua vertida, mujer parida.
Buenas palabras y buenos modales, todas las puertas abren.
El hombre después que le roban, pone candado.
Cazador que tira y no persigue, poco o nada persigue.
Con buen vecino, casarás tu hija y venderás tu vino.
De carbonero mudarás, pero de ladrón no saldrás.
Ningún pescador de caña ni molinero de viento, necesita un escribano para hacer testamento.
Hablando del rey de Roma y por aquí asoma.