El hablar bien, poco cuesta.
Cada cual habla según como le fue en la feria.
Casa mal avenida, presto es vendida.
Un coloño bien atao, evita dos mandaos.
El pan con hartura y el vino con mesura.
La Cruz, la viña reluz.
Hablar bajo y obrar alto.
Hombre avisado, medio salvado
A cautela, cautela y media.
Mucho escuchar y poco hablar buena fama te han de dar.
Iglesia, o mar, o casa real.
Amigo, amigo, llamalé conocido, y va bien servido.
El buen nabo, por Santiago tiene cabo.
A mucho vino, poco tino.
Sin harina no se camina.
Chatunguilla, desenvuelta y graciosilla.
Pedro se casó en mi pueblo, cojo, manco y jorobado; cómo seria la novia si fue engañado.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
Torreznos sin vino, como olla sin tocino.
Alábate cesto, que venderte quiero.
El gañán y el gallo, de un año.
A lo hecho, pecho.
Ni primavera sin golondrina, ni alacena sin harina.
Un barbudo, un cano, un licenciado, si no nieva el invierno se ha acabado
La lengua es el castigo del cuerpo.
A fuer de Portugal: dos animales sobre un animal.
Coces de garañón, para la yegua cariños son.
Cada mozo lancee su toro.
¿Adónde vas Vicente? Adonde va la gente.
Albarcas y coladores, de abedul son las mejores.
Al vino y al niño hay que criarlos con cariño.
Qué linda mata de romero, y era un cardo borriquero.
De trigo o de avena, mi casa llena.
De juergas, pendencias y amores, todos somos autores.
Tal para cual, Pedro para Juan.
Vecina de portal, gallina de corral.
Como el espigar es el allegar.
La dicción muy elocuente, poco persuade a la gente.
A palabras de borrachos oídos de cantinero.
Hablar a tiempo requiere tiento.
El que no habla, no yerre.
En casa pobre, pocos cuentos.
Casa chica infierno grande.
En casa del hortelano, siempre es más gordo el marrano.
Gallina, cabro y marrano; se manducan con la mano.
A confesión de parte relevo de prueba.
Cada pardal a su espigal.
Albricias, madre, que pregonan a mi padre.
Mujer de lengua certa, mujer refranes.
Vive y deja vivir.