El que poco tiene a poco aspira.
Con estudiante y soldado, mozuelas, mucho cuidado.
Vamos arando dijo la mosca sentada arriba de los cachos del buey.
Aunque veas pleito ganado, vete con cuidado.
El que sabe sabe, y el que no sabe es gerente.
De buen chaparrón, buen remojón.
Vale más muerto que vivo.
Con pan y vino, se anda el camino.
Malo es esperar bien de muerte ajena.
Chimenea acabada, a los tres días ahumada.
Dios da pan a quien no tiene dientes.
Qué bien se trilla fuera de la parva.
Mal ajeno, no cura mi duelo.
Al tonto se le conoce pronto.
Una gota de tinta puede más que cien memorias privilegiadas.
En la amistad, quien más da, menos recibe
Por San Martín deja el cerdo de gruñir.
Intimidades, solo en las mocedades.
Vivir prevenidos, es de buen sentido.
Un hombre puede lo que sabe
Ganar, poco vale sin guardar.
Domingo de Ramos, el que no estrena no tiene manos.
Quien vale mucho hace mucho.
Antes que armas tomar, todo se ha de tentar.
El agua para los bueyes y el vino para los reyes.
Yantar aquí es un encanto, si tomas "duelos y quebrantos".
El guayabo más le asienta, a aquel que paga la cuenta.
Al amigo, nunca lo pruebes.
Guárdate del agua mansa; que de la recia, ella misma te aparta.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
Duélete carnero, que hay fiesta en el pueblo.
Es mejor una mirada al frente que dos hacia atrás.
Dios sea loado, el pan comido y el corral cagado.
Pelearte, mejor con los parientes que con los vecinos.
A barbas honradas, honras colmadas.
Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.
El mucho joder empreña.
Pereza, madre de pobreza y abuela de vileza.
Mejor es el varón prudente, que el fuerte.
Clavija del mismo madero no la quiero.
Donde hubo un gran mal, queda señal.
No cuentes dinero delante de los pobres.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Junto al río o al convento no hagas nada de fundamento.
Más quiero poco seguro que mucho en peligro.
Casarse bajo el palo de la escoba
Entrañas y arquetas, a los amigos abiertas.
El muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Antes de acabar, nadie se debe alabar.
Un momento puede hacernos infelices para siempre