En casa del jabonero, el que no cae resbala.
Bebe el vino en vidrio; y si el vino es generoso, en cristal precioso.
El Dios desea el respeto del pobre más que la honra del encumbrado.
Cual es el rey, tal es la grey.
Mi casa y mi hogar, cien doblas val.
A la Virgen, salves; a los Cristos, credos; pero a los cuartos quedos.
El que no cojea, renquea.
Un hombre ocioso es compañero de juegos del diablo.
Un hombre cojo aún puede montar a caballo, un hombre sin manos aún puede pastorear ovejas y un hombre sordo aún puede matar; mejor es estar ciego que arder en la pira funeraria. Son los muertos quienes no pueden hacer nada.
Buscaba el necio su asno y lo llevaba debajo.
Más de un hombre amanece con el día que no verá morir.
Una sola vez no es costumbre.
Es tarde cerrar la puerta del establo después que los caballos se han desbocado.
Una y no más Santo Tomás.
Si quieres que el ciego cante, la limosna por delante.
No vayas de romería, que te pese al otro día.
Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa.
El buey tira del arado, más no de su agrado.
Dios da pan a los que no tienen dientes.
A fuego y a boda va la aldea toda.
Aceitunas: una oro, dos plata, la tercera mata.
Mal hace quien no hace bien, aunque no haga mal.
Encontrar al perro en la olla
Hijo de pobre y ternero de rico, no mueren.
A caballo de presente no se le mira el diente.
Que la haga el que la deshizo.
Ballesta de amigo, recia de armar y floja de tiro.
Saber demasiado es envejecer prematuramente.
No existe cosa escondida que con el tiempo no sea bien sabida.
Si mi abuela hubiera tenido barbas, hubiera sido mi abuelo.
¿Por qué un guía para quien ya ve el templo?
Agua y sol, tiempo de requesón.
Mala memoria tiene el gallo, pues canta porque olvida que ya ha cantado.
Quien destaja no baraja.
Un mal con un bien se apaga.
Refrán es, verdadero, que quien sirve más, vale menos.
Jamás olvidó el que bien amó.
Como chancho en misa.
Bloque de pisos grandes, guerra de vecindaje.
Ajo crudo y vino puro pasan el puerto seguro.
La limosna y el rezar, debajo del delantal.
La cascara guarda el palo.
Hermosura en puta y fuerza en el badajo.
Quitáronle a la tuerta, y diéronlo a la ciega.
Mujer que espera al príncipe azul, viches a los santos de tul.
Zarajo y ajo arriero, en Cuenca lo primero.
Maestro de atar escobas.
Muchos saben cómo adular, pero pocos entienden cómo alabar.
¿A un perdido, quién lo pierde?.
No hay mañana que deje de convertirse en ayer.