Un "quizá" no dice nada.
Ratón que corre mucho resbala frente a la cueva.
A hombre de dos caras, hombre de buena espalda.
Todos los extremos son malos.
Más corre un galgo que un mastín, pero si el camino es largo, más corre el mastín que el galgo.
La verdad adorna la boca de quien la dice.
Lo que tiñe la mora, otra verde lo decolora.
El matrimonio es un lazo que soca el demonio.
Junta de pájaros, agua segura.
Siempre dan las nueces al que menos las merece.
No le escribas a tu mejor amigo, lo que puede saber tu peor enemigo.
Viendo al payaso, soltando la risa.
El amor del cobarde hace hombre para alarde.
Mal se juzga al caballo desde la silla
Intimidades, solo en las mocedades.
Pan y vino y carne quitan el hambre.
Comer y rascar todo es empezar.
No ofende quien quiere sino quien puede.
El que se lleva de consejos muere de viejo.
Quien se viste de mal paño, dos veces se viste al año.
Tanto da el agua en la piedra que la quiebra.
Ningún perro muerde la mano que le da el pan.
Putas viejas, al mercado, que ya el pie se ha despertado.
El llanero es el sincero, y del serrano ni la mano.
Hierba segada, buen sol espera.
Hasta ajustar, regatear.
Ládreme el perro y no me muerda.
Al cobre y al estaño, mucho paño.
La barca pasa, pero el río queda.
Agua de Duero, caldo de pollos.
Bonete y almete hacen casas de copete.
A tu amigo gánale un juego, y vuelve luego.
Pronto y bien no hay quien.
El cuerdo nunca se satisface de lo que hace.
Zurcir bien es más que tejer.
Cada palo que aguante su vela.
Al hombre que camina, no se le paran las moscas encima.
Caballo que ama al dueño hasta respira como el.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
No querer queso, sino salir de la ratonera.
Aquí no hay más cera que la que arde.
El avaro desollaría a un piojo para obtener su piel.
¿Esta es la vida?. Dígole yo muerte y corrida.
Este dicho lo dijo Valentín y ni cuenta me di.
Agua estancada no mueve molino.
Casadme, padres, casadme, que el cuerpo me arde.
Dame aficionado al juego y yo te daré borracho y mujeriego.
Embustes y cuentos, de uno nacen cientos.
A nadie le amarga un dulce, aunque tenga otro en la boca.
Quien te conocio ciruelo y ahora te ve guindo.