Ni mesa sin pan, ni ejército sin capitán.
Hay aves que cruzan el pantano y no se manchan.
Acabar como el Rosario de la Aurora.
Sin pan y vino, no hay amor fino.
Nada es bello excepto la verdad
En vida de matrimonio, ni soso ni salado.
Candil que no tiene mecha, no aprovecha.
La uva no es uva, hasta que está madura.
Dan pañuelos a quién no tienen narices.
La que fue flor, algo le queda de olor.
A olla que hierve ninguna mosca se atreve.
No hay moros en la costa.
Fruta de sequero, mejor que fruta de riego.
No hay boda sin doña Toda.
Boca brozosa, cría mujer hermosa.
Donde no hay cabeza todo se vuelve rabo.
A la muerte no hay cosechador que la coseche.
A la rana no le gusta que se sepa que fue renacuajo
A muller é o carniceiro médralle a carne na man.
Una buena dote es un lecho de espinos
El santo ausente, vela no tiene.
Nadie puede ver ojos bonitos en cara ajena.
No hay provecho propio sin daño para otro.
La miel no se ha hecho para la boca del asno.
A barba moza, vergüenza poca.
La rana no puede pensar en el renacuajo como un enemigo.
La muerte a nadie perdona, ni a tiara ni a corona.
Siendo tan bellas las flores de loto, solo con el verdor de las hojas resalta su hermosura.
El árbol con fronda amiga, buena sombra nos prodiga.
A dineros dados, brazos quebrados.
De la enredadera de la calabaza grande no cuelga la calabazapequeña.
A barba, ni tapia, ni zarza.
Cabeza casposa, poco piojosa.
En Marzo tres hojitas tiene el ajo.
A dos puyas no hay toro bravo.
Vida sin amor, años sin verano
Ni es carne, ni es pecado.
No ojos que lloran, sino manos que laboran hacen falta para remediar males.
Parece mejor un asno que un caballo enalbardado.
Al cielo nadie va con ojos secos.
Castañas, noces e viño, fan a ledicia de san Martiño.
Madura apenas la mora, y el mirlo se la devora.
No hay gato que no tenga uñas.
La barba no hace al filósofo
Donde no hubo dolor, no hay caridad ni amor.
No es oro todo lo que reluce, ni harina lo que blanquea.
Cara de beato y uñas de gato.
No hay cosa que fin no tenga, a la corta o a la luenga.
La felicidad no crece en el huerto del envidioso
A las mujeres y a los charcos no hay que andarles con rodeos.