El porrazo da más ira, cuando la gente nos mira.
Durar menos que el cantar de un vizcaíno
A buena hora pidió el rey gachas.
Cacarear y no poner, si malo en la gallina, peor en la mujer.
Pájaro que de dos tiros no cayó, ¡voló!.
El arenque cuelga de sus propias agallas
Criado murmurador, es cuchillo del señor.
Buscarle cinco pies al gato.
Boda sin borracho tenla a milagro.
Dios pocas veces quiere obrar, sino cooperar.
Gente de navaja, poco trabaja.
Querer matar dos moscas de un golpe
Al caramelo y a los asuntos, darles su punto.
Pedro se casó en mi pueblo, cojo, manco y jorobado; cómo seria la novia si fue engañado.
Domingo sucio, semana puerca.
En casa del bueno, el ruin tras el fuego.
Con un dios le bendiga no se compra nada.
Para vos me peo y para otro me afeito.
Es como la gatita de Maria Ramos, que tira la piedra y esconde la mano.
Al buen callar, llaman Santo.
A gran culpa, suave comprensión.
El hombre por el traje, la perdiz por su plumaje.
Frailes y monjas, del dinero esponjas.
El labrador entre dos abogados, está como el pez entre dos gatos.
Quien perdona pudiendo vengarse poco le falta para salvarse.
Perfecto solo Dios.
Pajarico que escucha el reclamo, escucha su daño.
Hay quien tiene cabeza pero no tiene gorra para ponerse, y hay quien tiene gorra pero no tiene cabeza.
No hay burro calvo, ni calabaza con pelo.
Agua fina saca la espina.
La desgracia de un loco es dar con otro.
Padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero.
El cobarde es león en su casa y liebre en la plaza.
A lisonjeros dichos no le prestes oídos.
Ocho días antes se arremanga el fraile.
Es devoto o es loco quien habla consigo solo.
Dios habla una lengua extranjera.
Oficio de albardero, mete paja y saca dinero.
Al aguador, su cuba y no la borla del doctor.
Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana.
A caballo grande, grandes espuelas.
Nadie le da vela en este entierro.
El que espera desespera.
Las penas no matan, pero ayudan a morir.
La ambición mató al ratón.
Tiempo pasado traído a la memoria, da más pena que gloria.
Clavija del mismo madero no la quiero.
Bendita sea la mata de Mayo, que se secó lloviendo.
El caballo y la mujer, al ojo se han de tener.
Mancebo me fui, y envejecí; más nunca al justo desamparado vi.