Dios inventó la balanza, y el diablo la romana.
Después del niño ahogado, tapan el pozo.
Gran bien es castidad, ¿pero dónde está?.
La maldad con la belleza es el anzuelo y el cebo del diablo.
Barba espesa, honra, barba rala, deshonra.
Quien baila y canta, su pena espanta.
En prisión y enfermedad, se conoce la amistad.
Desgraciado se vea quien a los suyos desprecia.
Lavarse las manos, como Pilatos.
El que presta su caballo para garrochar, y a su mujer para bailar, nada tiene que reclamar.
Dios pone el remedio junto a la enfermedad.
A balazos de plata y bombas de oro, rindió la plaza el moro.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
A gran calva, gran pedrada.
Codicia mala, el saco rompe.
Fue a un concurso de tontos y lo perdió por tonto.
Quien le quita un pelo a un gato, no le hace ningún maltrato.
Maldición de puta vieja no va al cielo.
A creer se va a la iglesia.
Al dedo malo, todo se le pega.
Ponerse la tapa en la cabeza
Alábate pollo, que mañana te guisan Alábate, asno, que te crece el rabo.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
A los locos se les da la razón.
Buena es la justicia si no la doblara la malicia.
Sin padrino no se hace ni el milagro del Santo Cucarro, que con agua y tierra hacía barro.
Cuando el Diablo nada tiene que hacer, mata moscas con el rabo.
Esto fue como llamarada de petate.
En casa del capellán, no falta nunca el pan.
Cuando es demasiada la cera, quema la iglesia.
La espada apareció en este mundo debido al retraso de la justicia.
Dan pañuelos a quién no tienen narices.
Junta de cuatro, junta del diablo.
A quien dices el secreto das tu libertad.
Mal mascado y bien remojado.
Injurias y blasfemias, por donde salen entran.
Cuando Dios dio púas al erizo, bien supo lo que hizo.
Reniego del amigo que cubre con las alas y muerde con el pico.
A caballo de presente no se le mira el diente.
Justo peca en arca abierta.
Anillo en dedo, u obispo o majadero.
A hija casada, los yernos a la puerta.
No puede el cura a la par, decir misa y confesar.
A barba moza, vergüenza poca.
De pastores, pastoradas y si te embobas alguna pedrada.
El demonio no duerme.
La cana engaña, el diente miente, pero la arruga, no cabe duda.
Da el sartenazo al que tiene la sartén por el mango.
Ni amigo reconciliado ni cordero dos veces asado.
Aunque es algo loco, la pena le hará cuerdo.