Viuda que no se consuela, será por pobre o por fea.
Gente de montaña, gente de maña.
Hasta que no muera el arriero, no se sabe de quién es la recua.
Fiado y bien pagado, no disminuye estado.
Cuando canta el cuco, una hora llueve y otra hace enjuto.
Padres viejos, hijos huérfanos.
Desconfía del médico joven y del barbero viejo.
Perdona una vez; pero nunca tres.
Las virtudes de la fea, la bonita las desea.
El buey solo bien se lame.
El amor y la fe, en las obras se ve.
¡Cuántas te tendrán envidia!.
Del mal paño nunca hay buen sayo.
Nadie sabe para quien trabaja.
El que da sin que le pidan, pretende sin que le ofrezcan.
No recomiendes a nadie sino quieres que te reclamen.
Viva cada cual como quisiere y yo como pudiere.
A persona lisonjera, ni oírla siquiera.
El que venga atrás que arree.
Mucho sabe quien callar sabe.
Año bisiesto, difíciles doce meses para el cesto.
El que manda, no va.
Después de la guerra, todos son generales.
Los hombre dispuestos a prometer, están dispuestos a olvidar.
Haz favores y te los pagarán a coces.
La ilusión del cazador, a una mentira otra mayor.
La casa compuesta, la muerte a la puerta.
Aceite y vino, bálsamo divino.
Guardia viejo no cae en gancho.
Quien tiene miedo tiene desgracia.
Bailar sin son, o es gran fuerza o es gran afición.
Sin trabajo no hay recompensa.
Para baina de oro, cuchillo de plomo.
Bien parece y bien están el asno en la cuadra y la mujer en el hogar.
La mujer que buen pedo suelta, no puede ser sino desenvuelta.
Más vale en paz un huevo que en guerra un gallinero.
Averiguelo, Vargas.
Si prestas, o pierdes el dinero o ganas un enemigo.
El que evita la ocasión, evita al ladrón.
Con amigos de esa clase, ¿para qué quiero enemigos?.
Haz tres veces una cosa que está mal hacer y ya te parecerá buena.
Agua, viento y cuchilladas, desde la cama.
No juzgues el barco desde tierra
Hermanos hay tanto por hacer!
Manda, manda, Pedro y anda.
Aun los tontos dicen a veces algo sensato.
No hay dos sin tres. (Siempre hay consecuencias)
Hacer algo muy en los cinco casos.
Hace más el que quiere que el que puede.
Harto desatina quien a los sesenta años no adivina.