El que come con navaja, come más que trabaja.
A la lengua y la serpiente hay que temerles.
Más es la bulla que la cabuya (cuerda).
Para decir que el toro viene, no es menester tantos arrempujones.
Amorosos juramentos, se los lleva el viento.
El árbol deshojado es el amante de los ciclones.
En el buen tiempo, amistades ciento; mudada la fortuna, ni una.
El justo debe imitar al bosque de sándalo, que perfuma el hacha que lo lastima.
La oveja y la abeja, por Abril sueltan la pelleja.
Algo es algo, dijo, al ver un hueso el galgo.
Abrazar y besar solo es barbechar, pero cerca le anda el sembrar.
No hace tanto daño la zorra en un año, como paga en un día.
Un candado para la bolsa y dos para la boca.
Los extremos nunca son buenos.
La gallina de mi vecina siempre es más gorda que la mía.
Un loco echa una piedra al río, y cien cuerdos no la pueden recuperar.
La boca del justo profiere sabiduría, pero la lengua perversa será cercenada.
Lo de menos es comerse la vela, lo malo es cagar el pabilo.
El árbol permanece aunque desaparezca la mano que lo ha plantado.
Ay del que muere, que el vivo enseguida se apaña con lo que puede.
A falta de gallina, bueno es caldo de habas.
El pez que no se ha cogido es siempre el más grande y el anzuelo siempre el más pequeño
Piedra que rueda no hace montón.
Lo que hace con las manos lo debarata con los pies.
El que no arriesga no gana.
Más vale pálido una vez que cientas colorado.
Más vale ir harto a misa, que ayuno a vísperas.
Del todo no muere el que deja por donde se le recuerde.
Una idea de último momento es buena, pero la precaución es mejor.
Quien cae no tiene amigos.
Tirar la piedra y esconder la mano.
El que siembra tormentas recoge tempestades.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
Lágrimas quebrantan o ablandan penas.
Al dedo malo, todo se le pega.
A mal de muchos, remedio de pocos.
El peligro que no se teme, más presto viene.
Nunca trates de enseñar a un cerdo a cantar, perderás tu tiempo y fastidiarás al cerdo.
Un arma es un enemigo para su dueño.
El que quita la ocasión, quita el peligro.
Limando se consigue de una piedra una aguja
La desgracia también visita a los ricos, pero a los pobres lo hace dos veces.
Variante: Palabras y plumas el viento las lleva.
Hasta el mosquito tiene su corazoncito.
Quien bien tiene y mal escoge, si sale mal que no se enoje.
Empleando todas sus fuerzas, hasta el ratón podría devorar al gato.
Hay que darle al niño malo, más amor y menos palo.
La avaricia, lo mismo que la prodigalidad, reducen a un hombre al último mendrugo.
Aguja que doble, para sastre pobre.
Más valioso que el dinero, es un sabio consejero.