Al hombre ocupado le tienta un solo diablo; al ocioso una legión.
Rebuzno de burro, no llega al cielo.
Vivimos entre dos nadas: nada al nacer y nada al morir.
Quien se casa viejo, o pierde la honra o pierde el pellejo.
Si sale cara, gano yo; si sale cruz, pierdes tú.
Quien por mucho deja lo poco, suele perder lo uno y lo otro.
La cultura es como el azúcar; aunque haya poca da dulzor.
El heroísmo consiste en aguantar un minuto más.
Al fuego porque se apaga, al fraile porque se inflama.
La vida es una barca, dijo Calderón de la Mierda.
El enemigo del padre no es amigo del hijo
El que no arriesga no gana.
A un bagazo, poco caso.
La gente obtusa, tan sólo vale las joyas que usa.
Los burros se buscan para rascarse.
Santo que no es visto no es adorado.
No juzgues a tu amigo sin haberte puesto antes en su lugar
Hasta los animales cuidan sus crías.
Da lo tuyo antes de morir, y dispónte a sufrir.
La gloria no estriba en no fracasar nunca sino en levantarse cada vez que caigas.
Juntos en las duras y en las maduras.
En el llano como quiere el amo, en la cuesta como quiere la bestias.
Al bobo, múdale el juego.
Baila más que un trompo.
Si tienes un amigo, visítalo con frecuencia pues las malas hierbas y las espinas invaden el camino por donde nadie pasa.
Mucho sabe quien callar sabe.
La ignorancia es muy atrevida.
Amo recorrer las praderas. Entonces me siento libre y soy feliz. Si tuviéramos que vivir en casas, palideceríamos y moriríamos.
No sirve ni para llevarle la puerca al barraco.
Mucho corre la liebre, pero más el galgo que a prende.
Todos nos morimos, en el truco teniendo el as de espadas o el cuatro de copas, todas las cartas van al mismo mazo.
Quien por su seso se guía, hará cualquier tontería.
Esta permitido ser más hábil que los demás; pero es peligroso parecerlo.
La buena mula en el establo se vende.
La boca que no habla se escucha con dulzura.
Si no hubiera cabras, no habría cabritos.
Mientras haya montes verdes, no hay por qué inquietarse por la leña.
Una cosa son las palabras de los hombres; otra los hechos del Dios.
Siéntate, si así quieres, sobre el corazón de un león, pero nunca sobre el de un hombre.
Cuando la zorra predica, no están seguros los pollos.
La sed del corazón no se apaga con una gota de agua
No son las malas hierbas las que matan el trigo sino la negligencia del agricultor.
El médico mata, y el cura lo tapa.
Al que obra bien, bien le va.
Por males de nervios nunca se tocó a muerto.
Fiar del mozo y esperar del viejo, no te lo aconsejo.
La boca rige la tierra, pero el mar lo rige la mano.
Una cosa es la que piensa el amo y otra la que piensa el caballo.
Es tan buey el buey, que hasta la yunta lame.
Juan Segura vivió mucho años