Gran tormenta mucho espanta, pero pronto pasa.
El alma cruelmente herida, perdona pero no olvida.
El lechón que siendo lechón no lo matan, muere marrano.
Más vale un hoy que diez mañanas.
Del médico y del enterrador, cuanto más lejos mejor.
El que se apura, poco dura.
Adonde no hay remedio, haya paciencia.
Gente pobre no necesita criados.
Quien no estudia cuando es joven, lamentara cuando sea viejo el tiempo perdido.
Mal se hospeda quien llega tarde a la venta.
No se fundó Roma en un hora.
El momento elegido por el azar vale siempre más que el momento elegido por nosotros mismos.
Come poco y cena más poco, duerme en alto y vivirás.
Quien sabe esperar, sabe lograr.
El muerto cuando lo cargan se hace el pesado.
Niño feito, pega morta. Nido hecho, urraca muerta.
Tu madre te llorará hasta el final de sus días; tu hermana hasta ponerse el anillo de boda; tu viuda hasta el rocío del amanecer.
Vivir prevenidos, es de buen sentido.
No falta de que reirse.
La prisa es la madre de la imperfección.
Víbora que chilla no pica.
No hay bien ni mal que cien años dure.
Líbreme Dios de hora menguada y de gente que no tiene nada qué perder.
Uno sabe de hoy, y no de mañana.
Quien compra cuando no puede, vende cuando no quiere.
El pobre y el cardenal, todos mueren por igual.
A camas honradas, no hay puertas cerradas.
Saber demasiado es envejecer prematuramente.
El agua corriente no mata a la gente, el agua sin correr mata a la mujer.
Hasta que no muera el arriero, no se sabe de quién es la recua.
Sé arrojado, pero no demasiado.
La alegría alarga la vida.
Si mi abuela no se hubiera muerto, viva estaría.
Buscar el mediodía a las 14 horas.
Casa que al amanecer no está abierta, es colmena muerta.
A golpe dado no hay quite.
Quien reparte la herencia antes de la muerte, se merece que le den con una piedra en la frente.
Quien asno nació, asno murió.
Vive con ilusión mientras estés vivo, el ágil siempre sale adelante. Vi las llamas de una mansión, pero en la puerta yacía un muerto.
Cuando hay para carne, es vigilia.
Si la Semana Santa marcea, hambre o muerte andea.
Las dichas enviadas por Dios no despiertan al que duerme.
Ya se murió el emprestar, que le mató el malpagar.
El trigo tardío no alcanza al temprano, ni en paja ni en grano.
El que a larga vida llega, mucho mal vio y más espera.
Una idea de último momento es buena, pero la precaución es mejor.
La contrición del pecado, no repara el mal causado.
Lo que tiene que ocurrir, nadie lo puede eludir.
Golondrina que alto vuela, no teme que llueva.
Dolor de viuda, bien poco dura.