Quien no se arriesga no conquista
Buey viejo mal tira, pero bien guía.
El hombre mal hablado, tendrá un hijo desvergonzado.
Quien no quiere escuchar ruidos, que se tape los oídos.
Al hombre y al oso, lo feo lo hace hermoso.
Cuando la olla hirbiendo se desborda, ella misma se calma.
El que da dinero manda y el que no de pendejo anda.
El trabajo sin reposo, convierte a Juan en un soso.
El buen vino no merece probarlo, quien no sabe paladearlo.
Juramentos de amor y humo de chimenea, el viento se los lleva.
La sonrisa de un niño es más hermosa que la joya más valiosa.
Cada uno canta como le pagan.
Dios castiga sin dar voces.
Buen amigo, el ya probado en el peligro.
Muy amigos, pero el borrico en la fermoso.
De lo bueno, el mundo debería estar lleno.
Eres lo que comes.
Felicidad y cristal: ¡cuán fácilmente se quiebran!
Más ordinaro que pesebre con prostíbulo.
Hacer de su capa un sayo.
Solo posees aquello que no puedes perder en un naufragio.
El que malas mañas ha, tarde o nunca las perderá.
La ley del embudo no es norma ni escudo.
Tal para cual.
Siempre es pobre el codicioso.
Ni estopa con tizones ni mujer con varones.
Grande o chica, pobre o rica, casa mía.
En lo ajeno, reina la desgracia.
Quien no oye consejo no llega a viejo.
Gracias que hacen pero no la ven.
Más vale sardina en plato, que una sirena en retrato.
Garganta de aduladores, sepulcro abierto
No hay que vender la piel del oso antes de haberlo cazado.
El buen pagador no necesita prenda.
No te esfuerces por obtener un exceso, cuando tienes cubiertas las necesidades.
Lo que tiene que ocurrir, nadie lo puede eludir.
Una cuchilla desafilada hará a veces lo que no puede hacer un hacha afilada.
La mujer buena, de la casa vacía hace llena.
Antes de que te cases, mira bien lo que haces.
El que puede y no quiere, cuando él querrá no podrá.
El que presta no mejora.
Al vivo la hogaza, al muerto la mordaza.
El vientre lleno aunque sea de heno.
Ni es carne, ni es pecao.
Ojos que no ven, gallinas al saco.
Dios nos ha creado hermanos pero nos ha dado monederos separados.
No hay peor ciego que el que no quiere ver.
Quiebra la soga siempre por lo más delgado.
El que se pone de puntillas no puede sostenerse derecho.
Los bienes son para aquellos que saben disfrutarlos.