La vejez empieza cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas.
Ni agradecido ni pagao.
Ganas tienes y con ellas te entretienes.
Quien destaja no baraja.
En cosas de su provecho, hasta el más tonto es cuerdo.
El que trabaja, no come paja
Vecina de portal, gallina de corral.
A chillidos de cerdo, oídos de carnicero.
Pídele al viejo el consejo, te irá bien con él y llegarás a viejo.
Perro ladrador, poco mordedor.
Da lo tuyo antes de morir, y dispónte a sufrir.
Como es el pago, así es el trabajo.
Los pesos y los pesares, en algo son similares.
¡Somos gente pacifica y no nos gusta gritar! (Transición española)
Al que entre la miel anda, algo se le pega.
Aquel es tu amigo, el que te quita el ruido.
A persona lisonjera no le des oreja.
Buey viejo mal tira, pero bien guía.
La felicidad y el arco iris nunca se ven en la propia casa, solo en casa de los demás
Viejo es Pedro para cabrero.
En cabeza limpia, nunca piojos ha de haber.
Majada forera, sestil de verano, quien aquí te puso, mal sabe de ganado.
Propagación mear no espuma.
Por fuerte que seas, siempre existe otro más poderoso que tú
Amor loco, hoy por ti y mañana por otro.
En soledad y recuerdo, consuelo es "Manuela Izquierdo".
El que calla, no dice nada.
Ni tiñe ni da color.
Del necio, a veces, buen consejo.
El que no habla, no yerre.
Al hombre osado, la fortuna le da la mano.
Más pija que el Don Bosco.
La letra con sangre entra, y la labor con dolor.
Cortesía de boca, mucho consigue y nada cuesta.
Donde castañas se asaron, cenizas quedaron.
Hay más santos que nichos.
Que con su pan se lo coman.
Paralelo corriendo, tierra encontrando.
Después de comer, ni vino, ni mujer.
Para que nazcan virtudes es necesario sembrar recompensas.
Días y ollas hacen grandes obras.
Quiere como si hubieras de aborrecer y aborrece como si hubieras de querer.
Dios da, nunca vende.
La sangre del pobre el rico se la come.
Quien no tiene enemigos, de nadie es conocido.
El viejo y el horno por la boca se enciende.
El camino del Señor es refugio de los justos y ruina de los malhechores.
Cántaro roto, no sufre más remiendo que comprar otro.
Un traguillo de vino de cuando en cuando, y vamos tirando.
Más se mira al dador que a la dádiva.