Casar, casar: bueno es de mentar y malo de llevar.
Cabeza calva, peinada antes del alba.
Alba roja , vela moja.
No hay bonita sin "pero", ni fea sin gracia.
Ante la duda, la más madura.
Majada forera, sestil de verano, quien aquí te puso, mal sabe de ganado.
Nobleza, obliga; y agradecimiento liga.
A la mujer fea, el oro la hermosea.
La mala costurera, larga la hebra.
Hoja a hoja se come la alcachofa.
Una boca y dos orejas, tenemos; para que oigamos más que hablemos.
Del ahorro viene la posesión.
Entre la verde y la madura, el hambre ayuda.
Tener dolor de muelas detrás de la oreja
Agua de mayo, no cala el sayo.
Quien guarda halla, si la guarda no es mala.
Una de cal y otra de arena, hacen la mezcla buena.
El hambre y la suerte esquiva, son fuentes de la inventiva.
La hija de la puta, como es criada, y la estopa, como es hilada.
Carne de junto al hueso, dame de eso.
La hija, donde pudieres; el hijo, donde quisieres.
Agua que corre, nunca mal coge.
La oportunidad se escapa por los pelos.
Ama el sol, el que tiene sombra
Parto malo, e hija en cabo.
A la luz de la vela no hay mujer fea.
Quien abono echa, tendrá buena cosecha.
Ocasión que se va, quien sabe si volverá.
Hacerle a uno la pascua.
La que no anda precavida, al fin tiene su caída.
Al mal año, tarria de seda.
si bebes el agua, sigue la costumbre.
Huye de las querellas; no seas parte de ellas ni testigo.
Quien mucho desea, mucho teme.
Hacerse la boca agua.
Agua cocida, saludable y desabrida.
Jueguen con el santo, pero no con la limosna.
Lleva con ánimo igual lo que es bien y lo que es mal.
La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.
Aurora rubia, o viento o lluvia.
Puta en ventana, mala mañana.
Moza que con todos bromea, no se si lo es, pero quizás lo sea.
Fue puta la madre y basta; la hija saldrá a la casta.
Grande o chica, pobre o rica, casa mía.
A secreto agravio, secreta venganza.
Caballo que alcanza, pasar querría.
Fuerza sin maña no vale una castaña.
A la arrogancia en el pedir, la virtud del no dar.
Hombre anciano, juicio sano.
Aprovechar bien la lumbre, es buena costumbre.