No hay quinto malo.
Gusto secreto, no es gusto entero.
La noche para pensar, el día para obrar.
Como tordo viejo en campanario, que de campanadas no hace caso.
Peor que el ciego el idiota que mira pero no nota.
Comida que mucho hierve, sabor pierde.
Para aprender, nunca es tarde.
Huevos sin sal, no hacen ni bien ni mal.
Hombre muy escrupuloso, siempre será menesteroso.
El día tiene ojos, la noche tiene oídos.
Antes de acabar, nadie se debe alabar.
No te metas en pleito de marido y mujer, porque se arropan con la misma sabana.
El que para pobre está apuntao, igual le da estar de pie que sentao.
Hacer la del humo.
Daca y toma; que en materia de intereses no se admiten bromas.
Para amar es la cosa más segura buen trato, verde edad, limpia hermosura.
No hay feria mala, lo que uno pierde otro lo gana.
El que no tiene buey ni cabra, toda la noche ara.
Cuentas claras y el chocolate espeso.
Pereza no alza cabeza.
Adoba tu paño y pasarás tu año.
Al hombre afligido, no le des más ruido.
Para bien estar, mucho hay que andar.
Al que no admite consejo no se le puede ayudar.
Aunque suegro sea bueno, no quiero perro con cencerro.
Abrojos, abren ojos.
De ninguno seas muy compañero.
Al niño que llora le dan pecho.
El que deja una herencia, deja pendencias.
Quemar la casa para cazar el ratón.
Contra gustos no hay nada escrito.
El que fue cocinero antes que fraile, lo que pasa en la cocina bien lo sabe.
Un deber fácil no es un deber
No puedes tapar el cielo con la mano.
Justo peca en arca abierta.
Zurrón de mendigo, nunca bien henchido.
Quien destaja no baraja.
El pan ajeno hace al hijo bueno.
No pidas una carga ligera, sino un espalda fuerte.
Bocadito regular, que se pueda rodear.
Ve a menudo a casa de tu amigo, porque la maleza puede borrar el camino.
Codicia mala a Dios no engaña.
Al demonio y a la mujer nunca les falta quehacer.
Bailando con la más fea
Si te muerde el escorpión, traigan la pala y el azadón.
Casa que cierra sus portones casa que se llena de ratones.
Avellana vana, rompe los dientes y no quita la gana.
El que para mear tiene prisa, termina por mearse en la camisa.
Tu hablar te hace presente.
El cuerdo nunca se satisface de lo que hace.