Aceitunas y pan, y queso eso tiene la corte en peso.
Casa con una sola puerta, el amo alerta.
A ellas padre, vos a las berzas y yo a la carne.
Lo que se da no se quita.
Los perros mueven el rabo no tanto a ti como a tu pan.
Consejos vendo y para mí no tengo.
El que necesita, te visita.
Fruta verde, los hombres la compran y los pájaros no la quieren.
Alábate pato que mañana te mato.
Difama, que algo queda.
El pan con ojos, el queso sin ojos, y el vino que salte a los ojos.
Al vivo la hogaza, al muerto la mordaza.
Si la nube es negra, cuídate de la piedra.
Si no tienes dinero, pon el culo por candelero.
Polo san Andrés, quen non ten porco mata á muller. Por San Andrés, quien no tiene cerdo mata a la mujer.
No hagas la salsa hasta que hayas conseguido el pescado.
Cuando hay sospechas, haya cautela.
Con gente mal criada, nada.
El que bebe alante, bebe agua limpia.
A la mujer y la picaza, lo que vieres en la plaza.
Cuando como, no conozco; cuando acabo de comer, empiezo a conocer.
No habiendo lomo, de todo como.
Un buen día nunca se olvida.
Quien mucho vino cena, poco pan almuerza.
Ningún Gitano para el andar de su carreta cuando algo se cae de ésta para recogerlo.
Cuando el abad lame el cuchillo, malo para el monaguillo.
El cuchillo no conoce a su dueño.
Si no tapas los agujeros, tendrás que reconstruir las paredes.
Doce gallinas y un gallo comen tanto como un caballo.
Gástate en juerga y en vino lo que has de dar a los sobrinos.
El que tenga hijo varón, no llame a otro ladrón.
Olvidar una deuda no la paga.
Al fuego y al fraile no hurgarles.
Quien compra ha de tener cien ojos; a quien vende le basta uno solo.
No bastan estopas para tapar muchas bocas.
Zorro dormilón no caza gallinas.
A caballo comedor, cabestro corto.
No estrujes tanto la naranja, que amargue el zumo.
Un hombre de respeto debe ser reservado, reflexivo y valiente en la batalla; todos (los hombres) deben mantener el buen humor hasta que el fin les llegue.
Si vas a pasear, las bragas has de cambiar.
No alabes el día hasta que haya llegado la tarde; no alabes a una mujer hasta su pira; no alabes una espada hasta haberla probado; no alabes a una doncella hasta que se haya casado; no alabes el hielo hasta haberlo cruzado; no alabes la cerveza hasta haberla bebido.
Pan a hartura y vino a mesura.
Mira tus culpas y tus penas, y olvídate de las ajenas.
No le escribas a tu mejor amigo, lo que puede saber tu peor enemigo.
Volverse la albarda a la barriga.
Hay que tener los pantalones en su sitio.
Los cachos como los dientes duelen al salir, después se come con ellos.
Quien tenga vidrieras, no azuze pedreras.
Escucha a tus enemigos que son los primeros en notar tus errores.
Para preservar un amigo tres cosas son necesarias: honrarlo cuando esté presente, valorarlo cuando esté ausente, y asistirlo cuando lo necesite.