Hijos y hogar, son la única verdad.
A la mujer y al ladrón, quitarles la ocasión.
Sal derramada, quimera armada.
Dios castiga, sin palo y sin cuarta.
No solo hay que ser bueno sino demostrarlo.
La posteridad solo te pertenece cuando tus nietos juegan en tu puerta.
Quien la verdad dice: ni peca, ni miente.
Dar de comer al diablo.
A persona lisonjera, ni oírla siquiera.
Tal es la suerte de todo libro prestado: que es perdido a veces y siempre estropeado.
La alegría da miedo
La victoria viene de Dios, pero la batalla la debe librar el soldado
Quien poca tierra labra y bien la cultiva, que ponga al granero vigas.
Para disfrutar hay que empezar por olvidar
Dios, si da nieve, también da lana.
Amor de asno, coz y bocado.
Entre bellacos, virtud es el engaño.
La naturaleza tiene que obedecer a la necesidad.
No acortes el paso, no aflojes ni desmayes.
A viña vieja, amo nuevo.
Todo el orgullo y la opulencia paran en siete pies de tierra.
Acuéstate sin cenar y amanecerás sin deuda.
El ocioso e incapaz, carga es para los demás.
Yunta buena o yunta mala, el buer arador, bien ara.
En caso de duda, la más tetuda.
Del árbol caído, todos hacen su asiento.
Arriba, siempre arriba, hasta las estrellas
Habladas o escritas las palabras, sobran las que no hacen falta.
El uso hace al maestro.
Lo que hoy somos descansa en lo que ayer pensamos, y nuestros actuales pensamientos forjan nuestra vida futura.
El buen pagador no necesita prenda.
Te lo digo a ti, mi nuera; entiendelo ti mi suegra.
Todos son unos, muertos y difuntos.
Fuiste doncella y viniste parida; ¡cuántas te tendrán envidia!.
A quien pasa a la otra vida, se le olvida.
Lo que nada nos cuesta hacerlo fiesta.
Después de la resaca viene la pleamar.
El trabajo y el comer, su medida han de tener.
Azúcar y canela, hacen a la vida buena.
Mal ajeno, para el nuestro no es consuelo.
El nuevo paga novicial.
Quien siembra, siega.
Déjate de tanto refrán, y empieza a buscar el pan.
Alábate, burro, que nadie te alaba.
Donde hay hambre, las tripas cantan.
Vaca de dos amos, ni da leche ni come grano.
A cada ermita le llega su fiestecita.
Las ideas están exentas de impuestos.
Mejor es la pobreza en la mano del Dios, que riquezas en un almacén.
Encomienda sin renta, a su dueño no sustenta.