Palabras claras, no necesitan explicaciones.
Un invitado debe marchar a tiempo y no abusar de su bienvenida; incluso un amigo se vuelve molesto si se queda demasiado tiempo.
Para muestra basta un botón.
Atender y entender para aprender.
Bolsa llena, quita las penas.
A ninguno le da pena, comer cosita buena.
Tras buen soplo, buen sorbo.
Las injurias o bien vengadas o bien aguantadas.
Dar consejo es virtud de segundo orden.
La mala paga , aunque sea en paja.
Una deuda, veinte engendra.
Buena compañía, Dios y Santa María.
A quien labora, Dios lo mejora.
Si dios no perdonase, su paraíso estaría vacío.
Es fácil ser rico y evitar mostrarse orgulloso, es difícil ser pobre y evitar ser gruñón.
Bien ora quien bien obra.
No hay mejor hechizo que el buen servicio.
Dios no se queda con nada de nadie.
Vale más ser envidiada que envidiosa.
Gratis, hasta las puñaladas.
Hierba segada, buen sol espera.
Si voy, con lo que te doy.
Alabanzas y regalos, malos tratos.
Dios acude siempre.
Dios da pan a los que no tienen dientes.
Son fáciles todas las cosas que se hacen con voluntad.
La dama que es distinguida, por sí sólita se cuida.
Según serás, así merecerás.
Sé amigo de tus amigos. Responde a un regalo con otro regalo, a una sonrisa con otra sonrisa y a una mentira como si no la hubieras escuchado.
La suerte es de quien la tiene.
La paciencia es amarga, pero produce un dulce fruto.
El que tiene caridad y un alma pura, de las fallas ajenas no murmura.
Agua esperé y tarde sembré, sabe Dios lo que recogeré.
Quien a viejo quiera llegar, a los viejos ha de honrar.
No da quien tiene, sino quien quiere.
Hoy por mí, mañana por ti.
Donde hay voluntad, hay un camino.
A ciento de renta, mil de vanidad.
Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Atalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres. Proverbios 3:3-4
Dios da pañuelo al que no tiene narices.
Querer es poder.
La conciencia vale por cien testigos.
Hablar de virtud es poco; practicarla es el todo.
La avaricia, lo mismo que la prodigalidad, reducen a un hombre al último mendrugo.
Ni sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió.
A Dios, lo que es digno de Dios; y a la cama, la sobrecama.
Aquel que ha contemplado la belleza se vuelve bello para siempre.
Esto el mundo me enseñó: a lo tuyo tú; y a lo mío, yo.
Bendita la muerte, cuando viene después de bien vivir.
Al bueno, porque te honre, y al malo porque no te deshonre.