Hacer un viaje y dos mandados.
Malo es callar cuando conviene hablar.
Asno de dos, válgale Dios.
Buena condición vale más que discreción.
Lo pasado, pisado.
Cuando un hombre retrocede es para retirarse. Cuando una mujer retrocede es para coger carrerilla.
Las obras, con las sobras.
No me castigues con el látigo de tu desprecio.
Dineros y amores, diablos y locura, mal se disimulan.
Hombre cortés, de todos estimado es.
Aseada aunque sea jorobada.
Lágrimas Las del heredero son risas encubiertas.
Ni sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió.
El silencio y la prudencia, mil bienes agencia.
Ante el menesteroso, no te muestres dichosos.
Rogar al Santo, hasta pasar el tranco.
El daño hecho no tiene remedio.
A mal de muchos, remedio de pocos.
Hijos y duelos nos hacen gastar pañuelos.
Ni por vicio ni por fornicio, sino para su santo servicio.
Siempre hay un roto para un descosido.
La larga visita la alegría quita.
El comedido sale jodido.
Manos limpias y uñas cortas, no amasaron, malas tortas.
Hacer oídos de mercader.
Nunca ocultes nada al sacerdote, al médico y al abogado.
¡Sálvese el que pueda que la barca esta haciendo agua!
Las enfermedades son el impuesto que se paga por los placeres prohibidos.
Mujeres xuntas, ni difuntas.
Consejo tardío, consejo baldío.
Cada cosa a su tiempo, los nabos en Adviento y las cerezas en habiendo.
Una vez un papel rompí y cien veces me arrepentí.
Quien hace lo que puede no está obligado a más.
A la par, es negar y tarde dar. A la tercera va la vencida.
Cuando un ruin se va, dos vienen en su lugar.
Nunca falta quien dé un duro para un apuro.
Mozo rondador, no puede ser madrugador.
Hacer un hueco para tapar otro.
Ir de trapillo.
La mujer que de día calla por la noche manda.
Quien a mi casa no va, de la suya me echa.
A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
Mis hijos criados, mis cuidados doblados.
Cada uno dice quién es.
Dios tarda, pero no olvida.
El día para el trabajo; la noche para el descanso.
Bueno, si breve, bueno dos veces.
Si no sobra es que falta.
El padre desvergonzado, hace al hijo mal hablado.
Dar palos de ciego.