Iba en su yegua y preguntaba por ella.
En casa de la mujer rica, ella manda y ella grita.
El que ha de ser servido, ha de ser sufrido.
Hacer algo de cayetano.
Una vez se engaña a un gitano, dos a ningún cristiano.
Los que de veras buscan a Dios, dentro de los santuarios se ahogan.
Al buen amar, nunca le falta que dar.
Jarrito nuevo, ¿dónde te pondré?; jarrito viejo, ¿dónde te botaré?.
La virtud desaparece apenas se desea que aparezca
Cada gorrión tiene su corazón.
Al que Dios ha de ayudar, sábele bien hallar.
Al que nace para martillo, del cielo le caen los clavos.
El tonto ni de Dios goza.
Ni moza sin espejo, ni viejo sin consejo.
Qué es una raya más para el tigre.
Amor y muerte, nada más fuerte.
Buenas palabras no te quitan dinero del arca.
Con viuda o soltera, lo que quieras.
Es mejor una mirada al frente que dos hacia atrás.
Quien dice lo verdadero, no peca por embustero.
Esto es el pan nuestro de cada día.
Lo cortes, no quita lo valiente.
Agua de por San Juan, quita vino y no da pan.
Aprovechar bien la lumbre, es buena costumbre.
La iglesia a diez pasos y a doscientos la taberna, más cerca está la taberna que la iglesia.
Es tonta la oveja que va a confesarse con el lobo.
Esa muchacha caraja, no presta el hacha ni raja.
Buena es la nieve que en su tiempo viene.
Si la mujer supiera lo buena queye la nielda, la paceria como las vacas la hierba.
No tropieza quien no anda.
Mercader y puerco, quiérolos muertos.
Romero ahíto saca zatico.
Del mirar nace el amar y del no ver el olvidar.
No hay mandado como el que hace el mismo amo.
De casa ruin nunca buen aguinaldo.
A los años mil, vuelve la liebre a su cubil.
Por Santa Catalina, respigos y sardinas.
Abejas y ovejas, en sus dehesas.
Quien a solas se aconseja, a solas se remesa.
Casada te veo; otro mal no te deseo.
A grandes penas, pañuelos gigantes.
En nombrando al rey de Roma, luego asoma.
Buen Dios, guárdame de los malos amigos y yo me guardaré de los enemigos
La mujer y la guitarra, antes de usarla, templarla.
Una hoja ante los ojos impide ver la montaña Taishan.
Hombre avisado, medio salvado
La mujer es como una sombra: no podrás atraparla, pero tampoco huir de ella.
A quien le roba al ladrón, le concede Dios perdón.
Nadie es tan alto, que no este al alcance de la mano de su enemigo.
A lo que puedas solo no esperes a otro.