En el camino se enderezan las cargas.
Ni lava ni presta la batea.
El que quiere moño bonito, tiene que aguantar jalones.
Buen amigo, el ya probado en el peligro.
Cuando pase la ocasión, ásela por el mechón.
Aquella que más se niega, más enciende el apetito.
El cielo no cierra completamente el camino a los hombres.
Como Constanza, el culo hacia fuera y los pechos en danza.
Hija, ni mala seas, ni hagas las semejas.
Al gallo que canta, le aprietan la garganta.
La variedad place a la voluntad.
Entrañas y arquetas, a los amigos abiertas.
Maña y saber, para todo es menester.
Si quieres aprender a orar, entra en la mar.
El enemigo es grande si se lo ve de rodillas.
A la mujer y a la burra, cada día una zurra.
El viento de la adversidad no sopla jamás sobre el reino de la sabiduría.
Bien ama quien nunca olvida.
A llorar al cuartito.
Cuando la adversidad llama a tu puerta, todos los amigos están dormidos.
Al asno a palos y a la mujer a regalos.
Los justos no tropezarán jamás; los malvados no habitarán la tierra.
Si falta la comida, torcida va la vida.
Bastante colabora quien no entorpece.
Donde mujer no hay, el diablo la trae.
Junio brillante, año abundante.
Bueno por un huevo y ruin por dos, aléjemelo Dios.
Nacer de pie.
Buen arte es el médico que sotierra su yerro.
Donde no hubo dolor, no hay caridad ni amor.
La mariposa al posarse sobre la rama teme romperla.
En toda guerra está mezclada una mujer.
Entre padres e hijos no metas los hocicos.
Hoy debiendo, mañana pagando, vamos trampeando.
A otra puerta, que ésta no se abre.
La red justiciera tendida por los cielos es omnipresente, y sus mallas, aunque ralas, no dejan escapar a nadie.
Del mirar nace el amar y del no ver el olvidar.
El vino hace buena sangre
En las siembras y en la trilla, el amor con zancadilla.
Al trabajo, por su vejez, no le engañan ni una ve.
Para ser puta y no ganar, más vale ser honrada.
Por su mejoría, cualquiera su casa dejaría.
La justicia tiene un largo brazo.
Del que jura, teme la impostura.
Al demonio y a la mujer nunca les falta quehacer.
Ido de la vista e ido del corazón, casi una cosa son.
Una casa de blanquea en mayo, el mejor tiempo del año.
De San Martín en adelante ya no hay diablo que aguante.
El santo ausente, vela no tiene.
La felicidad no reside en las cosas sino en el hombre