Antes de comer, unos vasitos has de beber, y comiendo, otros vasitos seguirás bebiendo; más después de haber comido, aún no te sentarán mal otros vasitos.
A manchas de corazón no basta ningún jabón.
El viento que el marinero quiere no sopla siempre.
Ni tan vieja que amule, ni tan moza que retoce.
Beber y comer, son cosas que hay que hacer.
No se puede mamar y protestar.
Mejor perdiz en la mano, que dos en el campo.
Donde quiera que pone el hombre la planta, pisa siempre cien senderos.
Como quien no quiere la cosa, y la cosa queriendo.
Con paciencia y con saliva el elefante se la metió a la hormiga.
Puta y chata, con lo segundo basta.
Una mano a la otra lava, y las dos, a la cara.
A quien come muchos manjares no faltarán enfermedades.
No comas más de lo que puedas digerir.
El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
El que come aprisa, come mal.
A la mujer y al galgo, a la vejez les aguardo.
Buena fiesta hace Miguel, con sus hijos y su mujer.
A cada ollaza su coberteraza.
Madrastra, madre áspera.
Abre la boca que te va la sopa.
En paellas y en culos, cada uno tenemos uno.
Dádivas quebrantan peñas.
El cazador no se frota con grasa y se pone a dormir junto al fuego.
Fruta desabrida, no es apetecida.
Dos hijas y una madre, tres demonios para un padre.
Prohíbe a un tonto que haga una cosa, y eso es lo que hará.
Palabra o piedra suelta, no tienen vuelta.
Esto es como para mear y no echar gota.
Si a los treinta no te has casado ni a los cuarenta eres rico, arre borrico.
Hermosura en puta y fuerza en el badajo.
Dios castiga, pero no ha palo.
Dios da pan a quien no tiene dientes.
Muchas hormigas matan un camello.
No llores como mujer, lo que no has podido conseguir como hombre!
La culpa no la tiene el chancho, sino quién le da el afrecho.
No te quemes la boca por comer pronto la sopa.
Nadie da palos de balde.
Obra con amores y no con buenas razones.
No satisfagáis jamás hasta la saciedad vuestros deseos; así os proporcionaréis placeres nuevos.
Esta de mírame y no me toques.
Una olla y una vara el gobierno de una casa.
No hay sábado sin sol, ni doncella sin amor, ni moneda que no pase, ni puta que no se case.
Quien sabe amar jamás hace sufrir.
Ni por vicio ni por fornicio, sino para su santo servicio.
Todo avaro tiene un hijo gastador.
La gente discreta, no suelta la jeta.
El que come tierra, carga su terrón.
Hijos criados, duelos doblados; y casados, redoblados.
Ni es carne, ni es pecao.