A tu amigo gánale un juego, y vuelve luego.
El que espera desespera.
Vale más medir y "remedir", que cortar y arrepentir.
No plantes viña junto a camino, porque todo el que pasa coge un racimo.
De lejos llegaran, y de casa nos echaran.
Nadie querría para sí.
La mujer sabía edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba.
Dichoso quien escarmienta en cabeza ajena.
Cuando te dieren el anillo, pon el dedillo.
Mucho te quiero perrito; pero de pan, poquito.
Camisa que mucho se lava y cuerpo que mucho se cura, poco dura.
Trabajar el campo es duro, pero más dura es el hambre.
A la mujer y a la viña, el hombre la hace garrida.
Si eres pobre, no quieras hacer lo que el rico.
Todo lo que hagas por depecho, estará mal hecho.
De tierra de alacranes, pocos panes.
En casa de la puta, el que la pilla la disfruta.
Si quieres conocer a Andrés, vive con él un mes.
El que muda de amo, muda de hado.
Fácil es recetar, difícil es curar.
Los negocios hacen a un hombre y al mismo tiempo lo prueban.
Un cobarde piensa que vivirá para siempre si evita a sus enemigos; pero ningún hombre escapa a la vejez, incluso si sobrevive a las lanzas.
Recorre a menudo la senda que lleva al huerto de tu amigo, no sea que la maleza te impida ver el camino.
Rosquilla de monja, fanega de trigo.
Riñen los ovejeros y perecieron los quesos.
Con una palabra se repara una deuda de 1000 nyang.
Por diferente camino, se llega al mismo destino.
La que se enseña a beber de tierna, enviará el hilado a la taberna.
El malo para mal hacer, achaques no ha menester.
Agosto y vendimias no son todos los días.
Bien haya quien a los suyos se parece.
No bebas agua; que te emplazarán los bueyes.
No pierdas un amigo provechoso por lo que de él te diga el mentiroso.
A la aguja, buen hilo, y a la mujer, buen marido.
El que la sigue la consigue.
Guiso recalentado y amigo reconciliado, dales de lado.
Vale más una vieja que un pejeverde.
La actividad es la mercancía más conveniente
Una vez te casarás, pero mil te arrepentirás.
Todo es nada lo de este mundo, si no se endereza al segundo.
Cinco: por el culo te la hinco.
Ofrecer el oro y el moro.
Oiga señor cagón, le digo con disimulo, apunte bien ese culo, en la boca del cajón.
Viejos los cerros y reverdecen
Dijo la sarten al cazo: "no te acerques que me tiznas".
Quien por su gusto padece, que vaya al infierno a quejarse.
Del todo no muere el que deja por donde se le recuerde.
Donde el corazón se inclina, el pie camina.
A chillidos de cerdo, oídos de carnicero.
Quien hace agravios, escríbelos en el agua; quien los recibe, en el corazón los graba.