Culebra no se agarra con lazo.
Palo que nace doblado jamás su tronco endereza.
En casa del ladrón te roban hasta la respiración.
Pescador de anzuelo, a su casa vuelve con duelo.
Holgad tenazas; que muerto es el herrero.
Casa convidada, pobre y denostada.
Ver pecar, convida a pecar.
El casado en su casa, y el muerto en la mortaja.
A la fuerza ahorcan y quedan bien ahorcados.
Ni huerta en sombrío, ni casa junto al río.
Maestro de atar escobas.
En la casa y en la fosa, el hombre vive y reposa.
En casa de tu enemigo, la mujer ten por amigo.
A caballo no hay ningún cuerdo.
A la fuerza ahorcan.
En viernes ni en martes, ni tu casa mudes, ni tu hija cases, ni tu viña podes, ni tu ropa tajes.
Sé arrojado, pero no demasiado.
Llevad vos, marido, la artesa, que yo llevaré el cedazo que pesa como el diablo.
Jornal adelantado, brazos quebrados.
Machete cuto, estáte en tu vaina que nada te pasará.
Pobre atestado saca mendrugo.
Muerto que no hace ruido, mayores son las súas penas.
No se debe ir por carne a casa del lobo.
Fíate del santo y no le prendas vela.
No me castigues con el látigo de tu desprecio.
A tu casa venga quien te eche de ella.
De los muertos no se hable sino bien.
Dijo el muerto al degollado: "¡A fe que estás apañado!".
Cabra coja, no tenga fiesta.
Morrocoy no sube palo ni que le pongan horqueta.
No des a guardar el fiambre, a quien vive muerto de hambre.
En casa del jabonero, el que no cae resbala.
A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo.
O se tira de la cuerda para todos, o para ninguno.
Casa empeñada, pobre y desamparada.
Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena.
En casa sin mujer, no te podrías valer.
Al avaro, es tristeza hablarle de largueza.
Entre dos muelas cordales nunca metas tus pulgares.
Quien de paja su casa ha hecho, témale al fuego.
Da órdenes, no hagas más y nadie se moverá.
Oficio que no mantiene a su amo, vaya al diablo.
Cuídate del amigo al que has ofendido
A casa de tu hermano no vayas de ordinario, y menos si es casado.
No hagas leña del árbol caído.
Nunca digas a tu enemigo que tus pies han resbalado.
A fortuna adversa no hay casa enhiesta.
No hables mal de las mujeres si en tu casa mujer tienes.
Las penas, con un cullillo de palo degüellan.
Guárdame en casa y te honraré en la plaza.