Más exitado que Joaquito en la marcha del orgullo gay.
A buen amo, mejor criado.
La viña y el potro, criélos otro.
A veces con tuerto, el hombre hace derecho.
Al hombre aguado, mirarle de lado.
A cada cual mate su ventura, o Dios que le hizo.
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.
Al pobre y al feo todo se le va en deseo.
El mejor remedio contra un hombre malo es mucha tierra de por medio.
Entre casados y hermanos no hay que meter las manos.
Donde nada nos deben, buenos son cinco dineros.
Más vale mal afeitado que bien desollado.
Barba a barba, vergüenza se cata.
El viejo desvergonzado, hace al niño mal educado.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
El año que viene de suerte, la mujer pare los hijos de otro.
Cura flaco y marido barrigón, ninguno cumple su función.
Hay mujeres que, como la leña de corcha, tienen tres arderes.
A hombre desgarbado, dale de lado.
El melón y la mujer, difíciles son de entender.
Más vale estar solo que mal acompañado.
Fía solo en dos: en ti y en Dios.
Al perro más desmedrado dan el mejor bocado.
Quien compra ha de tener cien ojos; a quien vende le basta uno solo.
Dame un pijo y te traeré un hijo.
Niño que llora, de mear se ahorra.
A ferias y fiestas, con pollinos y mujeres ajenas.
San Antón mete las mozas en un rincón y San Sebastián las saca a pasear.
Entre hermanos que nadie meta la mano.
Yernos y nueras, en las afueras.
Si no te vas a beneficiar, dejas que el otro se joda.
De tus hijos solo esperes lo que con tu padre hicieres.
Dios nos ha creado hermanos pero nos ha dado monederos separados.
Al calvo pelón como al niño cagón.
Boi que remoe, nada lle doe Buey que rumia, nada le duele.
Cuando las dos partes arguyen muchas razones, el prudente cede primero.
No te cases con mujer de manos grandes porque todo lo que le des le parecerá chico.
El que tiene más galío, traga más pinol.
En casa del hortelano, siempre es más gordo el marrano.
Por rico que sea un hombre, ha menester al pobre.
Por muy manso que sea el oso, sigue siendo peligroso.
A un bagazo, poco caso.
Las tres cabezas más duras: la mujer, la cabra y la burra.
El fatuo y el ignorante, se denuncian al instante.
El trabajo del niño es poco, y el que lo desprecia un loco.
Para su madre no hay hijo feo.
Ni al niño el bollo, ni al santo el voto.
El que de muchacho no trota, de viejo tiene que galopar.
Compañía de dos, compañía de Dios.
Al fuego y al fraile no hurgarles.