Buenos son barbos cuando no hay truchas a mano.
Siete le daban al tocho, y el quería ocho.
Comer en bodegón y joder en putería.
No juzgues al hombre en el vino si no has bebido
Por la plata baila el mono.
El que ofende escribe en arena; el que es ofendido, escribe en marmol.
Calenturas otoñales, o muy largas o mortales.
Gallegos y asturianos, primos hermanos.
El ladrón no roba jamás una campana.
Un hombre enamorado ha nacido por segunda vez
El fraile, la horca en el aire.
Para los aduladores no hay rico necio ni pobre discreto.
El que mucho habla, poco acierta.
Las canciones de los viejos al final se convierten en lagrimas.
Los justos no tropezarán jamás; los malvados no habitarán la tierra.
Chico pueblo, grande infierno.
Un beso es como beber agua salada, bebe y tu sed aumentará
Toda piedra golpea el pie de un pobre.
Te lo digo a ti, mi nuera; entiendelo ti mi suegra.
¿Por qué usar veneno si puedes matar con miel?
El blanco hielo de agua es mensajero
Boca que no habla, Dios no la oye.
El mucho vino, no guarda secreto ni cumple palabra.
Escoba nueva, barre bien.
De pico, todos somos ricos.
Para lo malo, de peña; para lo bueno, de cera.
El que miente es adorado, el que dice la verdad, ahorcado.
Antes de los años mil, otros mandarán la tierra.
Desdichas y caminos hacen amigos.
Al comer y al cagar, prisa no te has de dar.
Esas perlas, perdónalas, por tener que engarzarlas.
Para preservar un amigo tres cosas son necesarias: honrarlo cuando esté presente, valorarlo cuando esté ausente, y asistirlo cuando lo necesite.
Una alcachofa se pela hoja por hoja.
Lo que llena el ojo, llena el corazón.
Comida hecha, amistad deshecha.
Ayudar a las mujeres es ayudarse a sí mismo.
Menea la cola el can, no por ti sino por el pan.
Abril, Abriluco, el mes del cuco.
A la pereza persigue la pobreza.
La honestidad es un vestido de oro
Aunque te chille el cochino, no le aflojes el mecate.
El más cuerdo, más callado.
Hombre estudioso, vale por cien perezosos.
El que porfía mata venado.
De los muertos no se hable sino bien.
El arenque cuelga de sus propias agallas
Bahabón, en cada casa un ladrón, en la del alcalde dos, y en la del alguacil, hasta el candil.
Los besos son como las cerezas: uno lleva a otro
Por amor a la rosa se soportan las espinas
Tú que mientes, ¿qué dijiste para mientes?.