El que ríe el último, ríe mejor.
Bigote al ojo, aunque no haya un cuarto.
Quien ha probado un buen pez, quiere comerlo otra vez.
El flojo y el mezquino recorren dos veces el camino.
Yo no soy mi cuerpo; soy más. Yo no soy mi habla, mis órganos, el oído, el olfato; eso no soy yo. La mente que piensa, tampoco soy yo. Si nada de eso soy, entonces , ¿quién soy?. La conciencia que permanece, eso soy.
A falta de hechiceros lo quieren ser los gallegos.
La honra y el provecho no duermen en el mismo lecho.
A buena hora pidió el rey gachas.
La sabiduría es como una mujer legítima, no permite otra mujer en su casa.
La liebre y la puta, en la senda la busca.
Quien sobre tarja bebe, lo bebido lo mea y lo meado lo debe.
El dinero tiene más de un gozar, saberlo ganar y saberlo gastar.
A la mujer buena, todo el cariño es poco.
El agua para los bueyes y el vino para los reyes.
Más sabe una suegra que las culebras.
Sopas en sartén, son de puerca y saben bien.
De ambos ha sido el acertar; tú al pedir, yo al no dar.
De tu dinero, no hagas a nadie cajero.
Cuchillo malo, corta en el dedo y no en el palo.
Quién come para vivir, se alimenta; quién vive para comer revienta.
Quien hila y tuerce, bien lo merece.
Riñen los amantes y se tiran las ligas y los tirantes.
El que tarda en dar lo que promete, de lo prometido se arrepiente.
El vino como el rey, y el agua como el buey.
Vida sin amigos, muerte sin testigos.
La que no pone seso en la olla, no lo tiene en la toca.
El que se lleva de consejos muere de viejo.
El día para el trabajo; la noche para el descanso.
Comer sin vino, comer canino.
Al bueno, porque te honre, y al malo porque no te deshonre.
Cuando el cuquillo canta, tan pronto sol como agua.
Quien lo hereda no lo hurta.
Besóme el colmenero y a miel me supo el beso.
Quien mucho duerme, poco vive.
En gran río, gran pez, más ahógase alguna vez.
La fea graciosa vale más que la bonita sosa.
El que quiere, va; el que no quiere, envía.
En 36 platos hay 72 enfermedades.
Cada uno en su casa es rey, pero su mujer hace la ley.
Marzo marcero, por la mañana rostros de perro, por la tarde valiente mancebo.
Ni fíes mujer a fraile, ni barajes con alcalde.
Para descubrir la inmensidad de las profundidades divinas, se impone el silencio.
Perro pendejo, no va a la gloria.
A galgo viejo, dadle liebre, no conejo.
Al pagar dinero, pesar y duelo.
Quien busca encuentra, aunque otra cosa sea.
Una belleza sin gracia es un anzuelo sin cebo
Amante atrevido, de la amada más querido.
Amor de mujer y halago de can, no duran si no les dan.
En el buen tiempo, amistades ciento; mudada la fortuna, ni una.