Confesión espontánea, indulgencia plena.
Viejo que boda hace, "requiescat in pace".
Pan ajeno nunca es tierno.
Mano lavada, salud bien guardada.
Pronto será un limosnero el que no puede decir no.
Dos no pelean cuando uno no quiere.
Ay del que muere, que el vivo enseguida se apaña con lo que puede.
La pereza y el fracaso, andan cogido del brazo.
Señor por señor, el padre es el mejor.
Las cosas de palacio van despacio.
El oro hace poderoso pero no dichoso.
El que corre mucho se cae de panza y el que no corre no alcanza.
Olvidar una deuda no la paga.
El bien se vende por onzas y el mal por arrobas.
Buena burra hemos comprado.
Burro pelado a trasquilones, a los diez días no se le conoce.
El toro y el melón, como salen, son.
No aumentes tus riqueza por el que vive en pobreza.
La madre y la hija, por dar y tomar son amigas.
Si el hombre se lanza a buscar el éxito en la ejecución de un momento, lo anula.
El de las piedras hace pan.
No dar pie con bola.
A quien te quiere merendar, almuérzatelo.
No fíes ni porfíes, ni prometas lo incierto por lo cierto.
Con buena comida para tres, cuatro comen bien.
No se disparan flechas a una cara sonriente.
El que come y canta, pronto se atraganta.
Cartera y reloj, el sueño del ladrón.
Llueva sobre su dueño, no sobre mí, que nada tengo.
A la suegra hay que sufrirla, como a la muela picada.
Agua del pozo y mujer desnuda, echan al hombre a la sepultura.
Lo que hace tu mano derecha que no lo sepa tu izquierda.
El dinero y los pendejos, siempre acaban separados.
No hay como la mama de uno, que da dos platos por uno.
Solo los necios y los tontos tiran piedras a su propio tejado.
El uno por el otro la casa sin barrer.
El que no se muere joven, de viejo no se escapa.