Ni cena sin vino, ni olla sin tocino.
Oveja que mucho bala, poco mama.
Bandera vieja, honra capitán.
Quien en ti se fía, no le engañes.
Si las orejas sacude la burra, agua segura.
Guardas bien y no sabes para quien.
Quien hace, aplace.
Hombre ocioso, hombre peligroso.
Mas vale tierra en cuerpo que cuerpo en tierra.
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
Da Dios alas a la hormiga, para morir más aína.
Hacer bailar el trompo en la uña.
El que lo tiene, lo gasta, y si no, se lame el asta.
Adonde va el violín, va la bolsa.
El gañán y el gallo, de un año.
Si cuidas tus centavos, tus millones se cuidarán solos.
El aprender es amargura; el fruto es dulzura.
Dios castiga sin piedra ni palo.
Palabra al aire fenece; pero escrita prevalece.
Que no me busquen porque me encuentran.
Pajaro que comió, voló.
Consejo de padre, guárdelo el hijo con siete llaves.
Ciertas son las trazas, después de las desgracias.
Al vino y al niño hay que criarlos con cariño.
Un gallo en un estercolero desafía al mundo entero.
Lo imposible, en vano se pide.
Cuando la zorra predica, no están seguros los pollos.
Variante: El caballo y la mujer, donde se puedan ver.
Mano sobre mano, como mujer de escribano.
El que desecha la yegua, ése la lleva.
Peca igual el que mata la vaca, como el que le agarra la pata.
El fruto maduro cae por su propio peso, pero no cae en nuestra boca
A barba, ni tapia, ni zarza.
Más que fuerza vale maña, que el ingenio nunca engaña.
Los langostinos, en el mar estaban y ya pedían vino.
Mira hacia el sol, pero no des la espalda a la tormenta.
Quien nunca tuvo un apuro, no sabe lo que vale un duro.
Dar una fría y otra caliente.
Secreto tan solo es lo que sabemos dos: Dios y yo.
Los besos de las mujeres son como las cuentas de un rosario, en saliendo la primera salen todas las demás.
Bebe y ata la bota.
A medida del santo son las cortinas.
A la mujer, búscala fina y limpia, que gorda y sucia ya se hará.
Yegua cansada, prado halla.
Despacio al pensar y pronto al ejecutar.
Más puede Dios que el diablo.
Fruto vedado el más deseado.
Aquella es bien casada, que no tiene suegra ni cuñada.
Al cabo de los años mil, vuelve el agua a su cubil.
Boca que mucho se abre, o por sueño o por hambre.