Huyes de la mortaja y te abrazas del difunto.
Sol que mucho pica, o llueve o graniza.
A la corta o a la larga, el galgo a la liebre alcanza.
Le tiene miedo como el diablo a la cruz.
Que Dios bendiga lo que caiga en la barriga.
El flojo trabaja doble.
El humo al suelo, agua en el cielo.
Candil de la calle, obscuridad de su casa.
Más vale buena concordia que próspera guerra y victoria.
Hasta la muerte, anda con pie fuerte.
Quien se empeña en pegarle una pedrada a la luna no lo conseguirá, pero terminará sabiendo manejar la honda.
Yo me morí, y que cosas vi.
La viuda que se arrebola, por mi fe que no duerme sola.
Los rincones para los gatos, y las esquinas para los guapos.
Hermosura y castidad, pocas veces juntas van.
Cónyuge que tiene celos, encuentra en la cama pelos.
Dejar lo cierto por dudoso, es peligroso.
De quien a la cara no mira, todo hombre discreto desconfía.
El no hacer falta y el estorbar, juntos suelen andar.
El muerto se asusta del degollado.
Negocios largos, nunca bien acabados.
Amor y vino, sin desatino.
Diez años la seguía y ella no lo sabía.
El que de nada sabe, de todo se unta.
Higos y nueces no se comen juntos todas las veces.
Tranquilidad viene de tranca.
El amor de lejos, es para los pendejos.
Donde hay provecho, pies y manos, oreja y pecho.
Favor ofrecido, compromiso contraído.
Ir por los extremos no es de discretos.
Ni caldo recalentado ni amigo reconciliado.
Para vivir una vida desprendida, no debemos considerar nada como de nuestra propiedad.
Estudiante memorista, pozo a simple vista.
Las armas sofisticadas, muy listas y camufladas.
Que uno fume y otro escupa, no es cosa justa.
La fortuna enloquece a lo mismos que favorece.
De todo hay en la viña del Señor [uvas, pámpanos y agraz].
Cague la espina quien se comió la sardina.
En la necesidad se conoce la amistad.
Cuando tu ibas ayer, yo venía ya de moler.
El buen caballo de ladridos no hace caso.
Más tiran dos tetas que dos carretas.
Gato con guantes no caza ratones.
Cuando una mujer te pida que te tires por un tajo, pídele a Dios que sea bajo.
El árbol permanece aunque desaparezca la mano que lo ha plantado.
Es posible soportar el arroz y el té frios, pero la mirada y las palabras frías son insoportables.
Agua fina saca la espina.
La mano perezosa, pobre es.
El que pide en exceso, le dan lo que envuelve al queso.
Vino y mujeres, dan más pesares que placeres.