Saca tu cruz a la calle, y verás otras más grandes.
Quien bien te quiere, te hará sufrir.
Pompa vana: hoy hojas marchitas lo que ayer rosa galana.
Caballo mosquiao, primero muerto que cansao.
Mancha en honra, más pronto se echa que se borra.
Disfruta solo los placeres del momento.
Todos llevamos una cruz colgada; unos suave y otros pesada.
A quien reparte sus bienes antes de la muerte, agarra una estaca y pégale en la cabeza.
Hacerlo mal y excusarlo peor.
Una madre es para cien hijos, y cien hijos no son para una madre.
Aún queda el rabo por desollar.
Ingrato, el volver mal por bien tiene por trato.
Más vale prevenir que tener que lamentar.
Variante: El caballo y la mujer, donde se puedan ver.
El pícaro en el penal, se afila más en el mal.
Después de la risa viene el llanto.
Un ojo al gato y otro al garabato.
Solo hay tres cosas que conviene hacer aprisa; huir de la peste, alejarse de las querellas y cazar pulgas.
Que aprovecha bien ganar, ¿para mal gastar?
A quien hubieras vencido no lo tengas por amigo.
Sin precio no se han las mujeres.
Los tropezones enseñan a levantar los dedos.
Los hijos son lo que la madre quiere.
Una carga inclinada no va a llegar a su destino.
Al que muere en el barco, le reclama el charco.
A la que sabes mueras, y sabía hacer saetas.
Chica es del diablo la capa, y cuando tapa por un lado, por el otro destapa.
Moza dominguera no quiere lunes.
Si no sobra es que falta.
En casa del capellán, no falta nunca el pan.
El gorrón tiene que ser sufrido.
No hay virtud y nobleza que no abata la pobreza.
El que mucho abarca, poco aprieta o se le cansan los brazos.
Haz favores y te los pagarán a coces.
Ni la novia sin cejas, ni boda sin quejas.
Sol de invierno y amor de puta, poco dura.
¿Nada?. Poca cosa para ser asada.
La primera vez que me engañes, será culpa tuya; la segunda vez, la culpa será mía.
Mala noche y parir hija.
La mejor felicidad, es la conformidad.
El amor es de hermano y no de señor.
Ir a trocar y no tener que, a muchos suele acontecer.
El melón en ayunas es oro; al mediodía, plata; y por la noche, mata.
El que hizo la ley hizo la trampa.
A quien tengas que dar de cenar, no te importe darle de merendar.
Lo poco gusta, lo mucho cansa.
Como caldo de zorra, que esta frío y quema.
El perezoso que acaba de comerse una banana, pregunta: ¿Puede plantarse la piel?
El pescado y el huésped, a los tres días hieden.
No recomiendes a nadie sino quieres que te reclamen.